Manifiesto del Día del Orgullo Loco 2021

Somos varios colectivos de activistas en salud mental formado por personas psiquiatrizadas (personas con problemas de salud mental que hemos sufrido el sistema psiquiátrico) que celebramos el Día del Orgullo Loco en Madrid para reivindicar el derecho a la salud mental de todas las personas, el fin de la vulneración de derechos humanos y acabar con un modelo biomédico que favorece la cronificación.

Este último año, como consecuencia de la pandemia, han aumentado aún más los abusos que se dan en salud mental como ingresos y tratamientos involuntarios, sujeciones, falta de intimidad, restricción de salidas y de visitas…, en los diferentes centros de “atención”: psiquiátricos, penitenciarías, centros de menores, CIE y albergues.

La crisis sanitaria se ha cebado en las personas con menor poder adquisitivo y la respuesta del sistema ha sido medicalizar nuestro sufrimiento, aumentando el beneficio de la industria farmacéutica.

El acceso a derechos sociales y laborales en condiciones dignas ha empeorado y esto ha favorecido la creación de nuevos GAM, pactos de cuidados entre iguales, así como acciones de denuncia de los diferentes colectivos en primera persona.

Debemos avanzar en todos los sentidos posibles para cambiar este modelo biomédico que medicaliza, violenta y mata por eso:

  1. Reivindicamos el cumplimiento de los Derechos Humanos, ​los Derechos fundamentales de la Unión Europea y los Derechos constitucionales del Estado español que se vulneran en la práctica psiquiátrica mediante ingresos involuntarios, contenciones mecánicas, medicación forzosa, aislamientos y la sobremedicación.
  2. Reivindicamos el fin de un modelo biologicista que presupone daños orgánicos (físicos) sin pruebas científicas, que beneficia sobre todo a la industria farmacéutica y que condena a las personas a la cronificación, además de provocarles efectos secundarios.
  3. Reivindicamos que la salud mental sea una prioridad política​, porque las consecuencias de las condiciones materiales, producto de un sistema capitalista, se patologizan, y así se medica el estrés laboral en vez de mejorar las condiciones de trabajo. A este respecto es necesario reforzar la idea (Informe Relator Especial de la ONU de 2017) de que “Las crisis de salud mental no deberían gestionarse como crisis de los trastornos individuales, sino cómo crisis de los obstáculos sociales que impiden el ejercicio de los derechos individuales. Las políticas de salud mental deberían abordar los “desequilibrios de poder” en lugar de los “desequilibrios químicos”.
  4. Reivindicamos la recuperación de la legitimidad de la que somos privadas las personas psiquiatrizadas: el derecho a decidir el propio tratamiento, aceptar o rechazar la medicación, el ingreso involuntario o incluso el ser tutelado.
  5. Reivindicamos la necesidad del desarrollo de un marco legal que garantice el cumplimiento y defensa de los Derechos Humanos en la práctica psiquiátrica.
  6. Denunciamos la doble opresión que sufrimos las mujeres psiquiatrizadas por ser mujeres y locas. Denunciamos los continuos abusos sexuales dentro del sistema de salud mental, que quedan impunes por la falta de legitimidad que tenemos debido a nuestras etiquetas. Reiteramos que las mujeres psiquiatrizadas somos más vulnerables de sufrir violencia machista y que recibimos un trato distinto cuando pedimos ayuda contra el maltrato.
  7. Denunciamos que el racismo tanto institucional como social potencia el maltrato, el aislamiento y el malestar personal​. Hace más propensos a ingresar en hospitales psiquiátricos a los emigrantes que a los autóctonos, en lo que a proporción de población se refiere.
  8. Denunciamos que se patologice nuestra orientación sexual e identidad o expresión de género​, y que la Iglesia realice supuestas terapias de conversión que pretenden cambiarlas. A su vez desde el colectivo trans reivindicamos el derecho a la libre determinación de la identidad de género y la eliminación de toda forma de patologización.
  9. Denunciamos la asociación que mantienen los medios de comunicación entre peligrosidad y violencia y “enfermedad mental”​. Dicha asociación permite justificar las coerciones en la práctica psiquiátrica.
  10. Reivindicamos el empoderamiento de las personas psiquiatrizadas y supervivientes de la psiquiatría, Además de nuestra politización para poder luchar por el derecho de vivir sin opresión, redefiniendo el concepto de locura y exigiendo justicia y reparación por el trato recibido por el sistema psiquiátrico.
  11. Denunciamos un sistema capacitista que nos segrega en función de nuestras capacidades, en el que no se cumplen los derechos de las personas con diversidad funcional y que nos hace proclives a sufrir problemas de salud mental.
  12. Denunciamos que el 84% de las personas psiquiatrizadas nos encontramos en situación de desempleo, lo que nos lleva a la pobreza y exclusión. A su vez las pensiones que algunas de nosotras recibimos por nuestra condición son insuficientes obligándonos a depender de nuestras familias.
  13. Denunciamos la patologización de la infancia y la adolescencia y su consecuente psiquiatrización.
  14. Reivindicamos que las personas psiquiatrizadas que hemos sido desahuciadas por el sistema, consideradas irreversibles, tuteladas y recluidas en centros desde hace décadas, tengamos la oportunidad de volver a tener el control y nuestros derechos en todos los ámbitos de nuestras vidas y recibamos un trato digno. Por lo cual exigimos que las tutelas no sean unas medidas permanentes, sino que por el contrario sean medidas revisables y se implementen procesos ágiles de recapacitación que hagan posible la recuperación de nuestra libertad de elección y de existencia.

¡Que viva el Orgullo Loco!

Nace Orgullo Loco Denuncia

https://orgullolocodenuncia.wordpress.com/

Testimonios de la psiquiatrización y sus violencias:

A mediados de enero nos llegaron los testimonios que habían reunido un grupo de menores de Ciudad Real acerca de las violencias que habían vivido en la planta infanto-juvenil de salud mental de un hospital de dicha ciudad. Desde nuestro colectivo Orgullo Loco Madrid publicamos en este blog sus testimonios y pedimos a través de nuestras redes que nos enviaran más narraciones sobre vivencias dentro del sistema de salud mental. A partir de ese momento empezamos a recibir un desborde de testimonios, donde además de las violencias psiquiátricas, muchas veces se denunciaban abusos sexuales dentro del sistema de salud mental.

En este blog Orgullo Loco Denuncia están los testimonios que fuimos recibiendo, y estamos abiertos a recibir más por lo que si tienes algo que testificar, escríbenos a orgullolocomad@gmail.com

Nosotras, las personas psiquiatrizadas estamos acostumbradas a ser silenciadas, de ahí la importancia de estos testimonios, que son también la prueba de que las violencias en el sistema de salud mental son estructurales y no casos aislados.

El supuesto de que una persona pueda ser peligrosa para sí misma o para los demás funciona como excepción legal para las coerciones en psiquiatría. Lo paradójico es que esto no sucede con ninguna otra enfermedad (si es que lo consideramos enfermedad).

Las alternativas estas prácticas de violencia y abuso son varias, aunque poco conocidas en nuestro país. Como alternativas están las casas de crisis, el modelo del diálogo abierto, la esperanzadora recomendación belga de no seguir el DSM (Manual de Diagnóstico Estadístico), los grupos de apoyo mutuo, el centro noruego sin medicamentos. Existen alternativas, lo que no existe es voluntad política.

Así pues, en el sistema de salud mental se vulneran los derechos humanos, los derechos constitucionales y los derechos fundamentales de la Unión Europea, practicando ingresos involuntarios, atando a las personas a la cama, medicando forzosamente, realizando aislamientos y sobremedicando.

Los abusos sexuales son también una constante y por nuestros diagnósticos estamos absolutamente deslegitimadas para denunciarlos.

Avisamos de que los testimonios son duros y que su lectura no es fácil, pero son necesarios para denunciar la violencia de la psiquiatrización.

Testimonios de menores de edad que sufrieron maltrato en la unidad de salud mental infanto-juvenil de Ciudad Real (Segunda Parte)

Collage dadaista anónimo.

Testimonio 7

Tengo tca y he vivido 2 ingresos, ninguno agradable. Básicamente no se lo deseo esto a nadie porque en la mayoría de los casos sales peor de lo que entras (malos tratos por los trabajadores, normas inhumanas, abusos…). Particularmente a mí mi psiquiatra me ha humillado delante de estudiantes y enfermeros, se ha reído de mi e insultándome sin motivo ninguno (capulla, mala persona, enferma, que disfruto ver sufrir a los demás, etc), no hubo ni una consulta en la que no saliera llorando o con ataques de ansiedad por su culpa y un trato inadecuado, y cuando esto pasaba solo me mandaban a la habitación y me encerraban mientras yo no podía respirar del agobio que se vivía ahi dentro, y no olvidar que otro psiquiatra me llamó foca y le dijo a mi padre que le daba morbo ver a los enfermos mentales aquí dentro solo para pedirle permiso para verme.

Me amenazaron con que si volvía a ingresar me encerrarían en una habitación sin nada y sin poder salir durante una semana y luego me echarían a la calle, básicamente utilizan el miedo.

He recibido faltas de respeto por parte de auxiliares y enfermeros donde me decian qué no me queria recuperar y que me fuera de aquí ya que llevaba mucho tiempo y solo hago sufrir a mis padres, solo me comparaban de mala manera con los demás pacientes haciéndome sentir inferior y cuanto mas tiempo pasaba peor de trataban y más me ignoraban. Ninguno tiene la suficiente capacidad para trabajar con personas con problemas mentales.

Testimonio 8

Si te crees normal eso de encerrar a una persona en una habitación sin salir, sin relacionarse, ni hablar con nadie es la psiquiatra perfecta, si quieres recaer en depresión o incluso acabar peor, ellos son los indicados, V no me ayudo a superarla, me ayudo a destruirme más, cuando se entero de que tenía más autolesiones en los brazos o en la pierna seguía echándome a mi las culpas y empeoró las cosas, me hizo quedar mal tanto con mi familia como con mi ex novia,  lo más gracioso que salí peor de como entré y eso a ellos le daban igual, por lo menos ya habían vaciado otra cama, he seguido yendo al psicólogo y de hecho sigo, ahora que uno es mayor de edad después de haber pasado 2 o 3 veces por esos momentos prefiero no probar a ingresar otra vez. La primera vez que ingresé daba puñetazos a todos lados y llorando en cada rincón, supuestamente allí vas a que te ayuden, yo cuando estaba en la habitación con un ataque de ansiedad a las 12,3,5 o las 6 de la mañana nadie quería ayudarme, solo me medicaban para que me durmiera, y cuando estaba en los pasillos tirado llorando no me dejaban ni que se me acercaran, No me dejaban ni llorar, me chillaban.

Testimonio 9

La verdad es que el tiempo que pase en el hospital no estuvo mal ya que estuve con P, el problema principal que trataban conmigo era para dejar las drogas y de un dia para otro P, mi psiquiatra me empezó a mandar medicación  y llegó el punto en el que me tenía que tomar 8 pastillas al dia cuando no necesitaba nada, meses después cuando salí estaba con otro psiquiatra en Toledo y me dijo que no la necesitaba que no sabía porque me la habían mandado y fue retirandola poco a poco, pero costó porque ahora cada vez que no la tomaba empezaba a temblar y la necesitaba si o si, vamos que me hicieron depender de las pastillas.

Testimonio 10

Mi experiencia en el hospital no fue del todo horrible gracias a algunos de los otros pacientes pero ese sitio no me ayudo nada, salí peor que cuando entré y en ese momento no sabía ni que eso fuera posible. Yo ingrese por la noche más o menos a las 3 de la mañana y iba tan medicada que no sabía ni en qué año estaba pero aun así me ataron a una cama de los 5 puntos (cuello, tobillos y muñecas) durante toda l noche por ser demasiado “peligrosa”. Bueno, lo primero, las enfermeras de allí nos trataban como perros o hasta peor, no nos respetaban para nada porque nos veían como seres inferiores. Se pasaban el día vigilándonos como si fuéramos delincuentes porque en cuanto veían que estábamos mal o llorando nos encerraban en nuestra habitación durante horas o días o hasta semanas. Yo tuve suerte y solo me llegaron a encerrar un par de veces durante unas horas y me sentía tan sola que ahí aprendí que es muy fácil autolesionarse si realmente tienes ganas de hacerlo. Aparte de tratarnos como perros no respetaban nuestra intimidad, podían entrar en cualquier momento si estábamos en el baño, llegaron a entrar 3 enfermeras distintas mientras me duchaba y una de ellas solo entró para tocarme el pelo y “ayudar a lavármelo”. Ahora viene lo que me hizo el psiquiatra. Nada. No me ayudo directamente. Pensaba que yo iba salir de ese hospital con la solución de mis problemas pero no, el solo me hablaba en inglés y de los Beatles (soy inglesa y el me utilizaba para mejorar su inglés). Lo único que me decía era que todos mis problemas eran culpa mía y que no se iban a solucionar porque no sabían ni que hacer conmigo y por eso pase 2 meses en ese maldito hospital, porque no sabían que hacer conmigo. No querían ayudarme solo querían deshacerse de mi y por eso después de salir de ese hospital perdí toda la esperanza.

Testimonio 11

En mi segundo ingreso a mí me tocó R, y según el yo no tenía nada, solo quería llamar la atención, cuando mi problema eran los maltratos en mi casa, y él le daba la razón a mi padre y q simplemente eran discusiones de padre e hija, pero el omitía q mi padre me maltrato físicamente desde los 8 años, y nadie de Eda casa me hablaba o cuando lo hacían era para insultarme, desde pequeña me decían q la culpa la tenía yo por no ser como ellos querían y ramon lo único q hizo fue incrementar mas mis miedos e inseguridades, siempre tenía q darle la razón porque si yo me decía mis argumentos me amenazaba con encerrarme en la habitación x tiempo. Salí peor de lo q entre la verdad, y Esa vez no entraba solo por depresión sino también por trastornos alimenticios, total , yo caía en una depresión más profunda, ya no quería salir de mi casa ni ir a clase, me pusieron un psicólogo en mi pueblo q era amigo de mi padre y yo a ese hombre no le podía contar nada porque se lo decía todo a mi padre y encima me tachaban de loca, me intente suicidar e ingrese otra vez, al ingresar empezaron a mentir algunas enfermeras q estaban de ese turno diciendo q yo olía a alcohol cuando yo alcohol solo tomaba a veces en fiestas, tuve al día siguiente una entrevista con V y me dijo q sabía los problemas q tuve con R y q me iba a arrepentir de haber pedido q ella fuese mi psiquiatra. Le dio orden a las enfermeras de q no me dejaran dormir, ni dibujar , ni leer, solo pensar. Había muchas auxiliares q se creían q eran las dueñas y eran súper groseras y había favoritismo con algunos pacientes, q tampoco lo entendía porque ahí estabas para ayudar no para empeorar las cosas.

Testimonio 12

Mi experiencia en ciudad real fue horrible y traumática, y aún me es difícil pensar en ello sin sentirme mal. ingresé en psiquiatría tras un intento de suicidio a base de pastillas, después de haber estado 1 semana ingresada en urgencias (lo que ya me sirvió para reflexionar bastante acerca del error que había cometido). en mi primera consulta, el psiquiatra (R) empezó preguntándome cuántas asignaturas había suspendido, yo me quedé confusa de que eso fuese lo primero que me preguntara y me quedé un momento pensando ya que ni siquiera lo sabía (llevaba dos semanas sin siquiera ir a clase), sin haber siquiera respondido, R empezó a hablarme mal, diciéndome que si acaso era gilipollas que ni siquiera sabía cosas de mis estudios, dijo que no quería ni continuar la entrevista si iba a ser así, y dijo que me sacaran de ahí y me avisarán en mi habitación. yo no entendía absolutamente nada, no me dio tiempo a decir nada más, sentí muchísima impotencia y tuve varias crisis durante el día, completamente sola y aislada en una habitación (al aislarte tampoco te permiten recibir llamadas de tus padres / familiares). me sentía horrible y me odiaba a mí misma por no poder hacer nada y tener que estar allí. los días siguientes fueron iguales, intenté ir relajada y le expliqué que el haber estado tan grave en urgencias me hizo pensar muchísimo y darme cuenta de que no quería eso, pero al parecer él interpretó eso como que me estaba riendo de él, y estuve otros 3 días aislada, sin llegar realmente a completar ninguna entrevista (solo duraban unos 5 minutos antes de que me volviese a aislar). lloraba y tenía crisis durante todo el día, y ningún auxiliar se acercó a mi habitación para ayudarme, a pesar de que que las habitaciones tenían cámaras, y estaban viéndome TODO el rato. cabe destacar que cuando estuve en urgencias, estaba todo el día con suero sin poder comer ni beber nada; la primera vez que comí realmente fue allí, las comidas me sentaban fatal y hasta vomitaba, y de nuevo ninguna de las enfermeras que había allí me hizo caso, a pesar de que lo decía constantemente; una de las veces me sentó tan mal que fui a vomitar, al ver que nadie me ayudaba, que llevaba días encerrada sin ver a mi familia y que el psiquiatra pasaba de mí, empecé a llorar de desesperación tirada en el baño, pensaba que iba a morir allí mismo y que ni siquiera iba a poder ver a mi madre, entonces vino una enfermera y al verme ahí tirada llorando me dijo enfadada que qué hacía ahí tirada llorando, la expliqué lo de la comida y dijo que parase de inventarme cosas y que no iba a salir antes por estar llamando la atención. vino otra enfermera a ver qué pasaba y la enfermera anterior empezó a decir que yo estaba diciendo que había vomitado pero que era mentira ya que ella no veía vómito por ninguna parte (obviamente había tirado de la cadena).

El psiquiatra seguía igual, me dejó salir unos días de la habitación, aunque no me permitió recibir visitas, solo la llamada diaria de 15 minutos, pero seguía con comentarios hacia mí; en una de las entrevistas se tiró diez minutos enteros planteándose mi vida entera, partiendo de que yo era una mala persona y una manipuladora (lo que me recalcaba muchísimas veces), me decía que nadie me iba a llegar querer nunca de verdad y que si alguien lo hacía era porque yo le había manipulado tanto que ya no podían pensar por sí mismos, me dijo que toda la gente que en ese momento tenía a mi alrededor y que “me quería” pronto se iban a dar cuenta de cómo soy realmente e iban a irse, quedándome yo completamente sola. decía que si yo le caía bien a alguien es porque les mostraba un faceta mía que era falsa y les engañaba o manipulaba para caer bien y así poder yo sacar todo lo que quisiera de ellos, que no tenia amigos de verdad ya que todas mis relaciones eran manipulaciones mías, y que en cuanto me conociera un poco más se iba a dar cuenta de lo cruel que soy y se iba a ir de mi vida en seguida; esto me lo repetía tantas veces que yo llegué a pensar que era todo verdad, cuestionando todas mis amistades y pensando que de verdad nadie me quería y estaba sola. decía que estaba constantemente intentando manipular a otros compañeros, al personal y a él mismo; siempre que le contaba algo sobre cómo me sentía o sobre alguna mejora que tenía, me decía que no se lo creía o que me estaba riendo de él, decía que tenía un 0% de credibilidad en todo lo que decía, creía que era una mentirosa y que todo lo que decía me lo inventaba para manipularle a él también y salir antes, aunque él me decía que nunca iba a salir de allí. ni siquiera el día que me iban a dar el alta (después de un mes ahí dentro) él creyó que yo estuviera mejor, aún cuando estaba haciéndome el informe para que me fuese me dijo que no se creía nada. llegué a estar más de una semana más completamente aislada, sin poder tener contacto con ningún familiar ni persona en general, salvo los dos minutos en los que venía alguien a traerme la comida. a veces ni siquiera pasaba a consulta, pasaba el día con pánico a que el día siguiente la consulta fuera mal otra vez y no me sacaran de la habitación. 

Nadie me ayudó ahí dentro, el estar encerrada todo el día me ha provocado traumas y pesadillas sobre volver allí que se repiten. la única terapia que recibí fue la mía propia al estar completamente sola sin nada que hacer todos los días. todo esto ha hecho que no pueda ni contarle a mi terapeuta cuándo estoy mal, ya que tengo miedo de volver allí. al haber pasado un tiempo desde todo esto, me he dado cuenta de que muchos de los problemas que tengo han sido provocados por cosas que me han dicho allí, y que son inhumanas las formas con las que tratan a personas que necesitan ayuda, llegando a atar a pacientes por sufrir ataques o crisis.

Espero que todo esto sirva reflexión con todo este tema y ojalá que se haga algo al respecto.

Para más información seguid la cuenta: @TestimoniosU

Testimonios de menores de edad que sufrieron maltrato en la unidad de salud mental infanto-juvenil de Ciudad Real

Thurneysser’s Demon Walton Ford.

Testimonio 1

Mi experiencia allí fue traumática y me sigue persiguiendo a día de
hoy, llegué allí por ideas de querer morirme dos veces, incluso una por
iniciativa propia ya que veía que lo iba a hacer y no quería hacer daño
a mis seres queridos pero no hay nada de lo que me arrepienta más,
me siento muy culpable por haber tomado esa decisión, nada más
llegar me aislaron en una habitación separada porque aclaro que yo
soy un hombre trans, y respecto a esto, no se me permitía tener
compañeros ni compañeras, ya que tenían que ser del mismo sexo y
yo al parecer era un extraterrestre. Casi ninguna del las enfermeras me
trataba en masculino, aunque por suerte mi nombre actual estaba en
mi informe y este si era respetado. Esto lo hacen con todas las
personas trans que no están hormonadas ni operadas. Mi psiquiatra, V,
en aquel entonces empezó normal, pero tras dos o tres entrevistas,
empezó el maltrato psicológico, que yo estaba allí por llamar la
atención, que solo quería hacerle daño a mis padres, a veces
tartamudeaba o miraba a otro lado porque me daba miedo estar con
ella, y me dijo que parase que yo no era un autista, de forma
despectiva, humillándome delante los estudiantes y la enfermera que
estaban siempre en consulta, supuestamente para que estas cosas no
pasaran s(aclaro que ella era la especializada de la unidad en autismo,
con lo cual me quede flipando) cada vez que salía de consulta salía
peor con mas ganas de morir que nunca, hable con una compañera y
llegamos a la conclusión de que esa psiquiatra no me estaba
ayudando, así que decidí hablar con otra psiquiatra de la unidad, P, y
pedir un cambio, le explique como me sentía al salir de consulta que
tenía miedo, y que me sentía peor, no entre en detalles porque pensé
que no me creería, al día siguiente cuando fui a consulta estaba V y
me dijo que lo que había hecho estaba fatal, según ella una vez más
quería montar revuelo y llamar la atención, que ella no era mi amiga
sino mi psiquiatra y que no tenia porque ser agradable conmigo, le
intente decir mintiendo que no tenía ningún problema con ella ni con
su forma de trabajar sino que simplemente no consideraba que me
estuviese ayudando y quería probar otro profesional, para ver si se lo
tomaba a buenas y entraba en razón, pero ella me dijo que todos me
iban a decir lo mismo que ella, que yo odiaba a mis padres y les quería
hacer sufrir (la relación con mis padres era buena y nos queremos mucho la verdad y no tengo problemas con ellos desde hace años)
después estuve encerrado tres días seguidos en la habitación sin poder
salir. Era frecuente como castigo cuando teniamos ataques de
ansiedad, llorabamos, o nos sentiamos mal, aunque nos decían que
simplemente era ponernos a pensar, Pero claro sin ninguna
pertenencia, todo el día en una habitación blanca mirando a la pared,
solo teniendo contacto por las mañanas en consulta que me hacían
sentir aún peor, tenía ataques de ansiedad constantemente, y no podía
parar de llorar, incluso una auxiliar se apiadó de mí y me abría la
puerta un rato y hablaba conmigo 2 minutos cuando no la veían. En
las consultas con mis padres intentaron ponerlos en mi contra, no les
gustaba que me visitaran tanto, intentaron convencerles de que yo era
el problema, en mi caso mis padres mostraron su disconformidad, al
final del ingreso pusieron una queja y la única respuesta que
recibieron es que era su forma de trabajar, pero a algunos compañeros
a pesar de tener padres abusivos, que les pegaban o cosas peores, la
misma psiquiatra siempre decía que el paciente era el problema, y en
vez de avisar a servicios sociales en casos realmente graves, decía que
había que vivir con ello. Ella me hizo creer que yo era el causante de
todos mis problemas, que exageraba, o que me los inventaba, y no
dudó en ponerlo en el informe, además de poner que yo “quería ser un
hombre porque quería alcanzar el poder y el éxito”, y que el bullying
que me hizo un compañero de clase me lo había inventado, pero de la
agresión sexual que sufrí hace unos años y que es gran causante de mi
malestar y así se lo conte, no puso nada, de hecho en consulta cambió
de tema como si nada, a día de hoy creo que pensó que me lo inventé
como decía que hacía con todo, desde entonces soy casi incapaz de
hablar de ello y llegué a pensar que lo había soñado. También allí vi a
compañeros encerrados por semanas, como los traían atados, como
una enfermera pegaba un tortazo a una niña autista de nueve años, y
me decía que si me molestaba hiciese lo mismo. Como otra niña de 12
años lloraba desde su habitación encerrada que la sacaran, a la cual
también le habían dicho que si seguía así se iban a morir sus abuelos
antes de que saliera. Como al estar el contacto físico entre pacientes
prohibido me encerraron en la habitación todo el día por tocarle la
rodilla a una compañera y desde entonces me prohibían sentarme al
lado suyo. A lo que mi psiquiatra respondió que si estabas mal no ibas tocando rodillas, que yo me pensaba que eso era un parque de
atracciones, y que si salía seguro que iba a volver. Allí conocí a una
chica que me gustaba y cuando la psiquiatra se enteró le dijo que yo
era una persona horrible y que estaba loca si quería salir conmigo, que
le iba a hacer daño, en resumidas cuentas me gané el odio de V. A día
de hoy sufro mucho recordando todo lo sucedido y me da miedo
contarle a mi terapeuta cuando estoy mal por miedo a volver allí, mi
autoestima esta por los suelo ya que allí me hicieron pensar que era
una persona horrible.

Testimonio 2

Me ingresaron en julio de 2019, por un tca (bulimia), el primer día me dejaron comer lo que yo viese conveniente para que ellos vieran como estaba el “problema”, total que al día siguiente me pusieron la dieta obligatoria y era una gran cantidad a comparación a lo que estaba acostumbrada, me comí todo lo que había en la bandeja, excepto por unas rodajas de tomate, porque nunca me ha gustado, total que una vez que terminé dije que eso no lo comía, y un celador creo me dijo que me lo tenía que comer si o si, yo le expliqué que no me gustaba pero no daba su brazo a torcer, me puse a llorar e intenté salir del comedor porque no quería estar con tanta gente, y de un momento a otro tanto el como otro de sus compañeros que no recuerdo el nombre me tenían agarrada y me metieron en mi habitación, me dijeron que me lo tenía que comer o me tomaba un batido aún habiéndome comido lo demás, me negué y me quedé castigada dos días sin salir de la habitación, Mi psiquiatra, V, dijo que hasta que no viese que comía de todo lo que me ponían no me iba a dejar salir, los dos días siguientes estuve comiendo de todo, pero ella por alguna razón no estaba y me dejaron mitad del día siguiente porque era ella quien tenía que dar el visto bueno, en todo ese tiempo yo me sentía fatal, porque estar lejos de todos mis conocidos y encima sin nada de contacto era muy jodido, y sinceramente me desesperaba pasar horas y horas sin hacer nada, tanto que me autolesione con algunos golpes en mi cara, cosa que no se dieron ni cuenta hasta que salí con el ojo morado ( que se note lo mucho que hacen caso a las cámaras de las habitaciones).

Un día en la consulta me dijo, que si no me quería recuperar, que lo dijera para avisar a mis padres de que iban a tener a una persona enferma toda su vida, y que iba a estar ingresada para siempre hasta que me muriese, que mi actitud era una mierda (tal cual lo dijo) y que así no iba a llegar a nada en la vida.

Al volver de un permiso de 5 días en mi casa, debí de comer algo que me sentó mal y me tiré toda la tarde con retortijones,  se lo dije al celador y ni caso me hizo, se lo dije a una enfermera y tampoco, total que nos fuimos a dormir y necesitaba ir al baño pero como se ponen a jugar a juegos en el movil y a otras cosas nadie venía a abrirme el baño, fue tal la cosa que estaba tan suelta del estómago que hasta que no pude más no llegaron (te puedes imaginar que pasó,  es desagradable) y ahí ya por fin me creyeron, una enfermera, llegó por la mañana, y la noche anterior a ese día yo había vomitado, total que sin a penas conocerme me dijo “madre mía hija, que facilidad tienes para abrir la boca” y encima de malas formas, yo la dije que quien era ella para decirme eso y que me había molestado, Después, tuvieron a mi padre sin llamar varios días para decirle cosas de mi , porque eso se hace diariamente para que sepan cómo estamos, y tuvo que llamar el varias veces súper enfadado porque no le hacían ni caso. Sinceramente me quedé bastante mal después de estar allí, al salir, el siguiente mes estuve muy pero que muy mal, me venían todo el rato los malos momentos que pasé allí, y estaba muy sensible con todo. Y ciertos comentarios como los que hacía V a día de hoy todavía los tengo muy presentes.

Testimonio 3

Soy una de l@s ex pacientes de la Unidad de Hospitalización de Salud Mental de Infanto-Juvenil en Ciudad Real y como persona creo que todo el mundo debería saber de las cosas que pasan ahí dentro.

Para empezar en cada paciente obviamente es otra historia, así que en este caso es la mia.

Hace un poco más de 1 año estuve ingresada allí por problemas sobre depresión, y sinceramente, he tenido momentos malos muy malos, pero lo que viví allí fue lo peor que pude pasar.

Uno de los psiquiatras que me llevó, R, me hizo la vida imposible y me hundió mucho más. Cuando ingrese solo pensaba en no vivir y gracias a mi psiquiatra eso se hizo aún más fuerte. Fue la peor escoria que conocí en el mundo. Se supone que te ingresan para que mentalmente estés mejor. Sabéis que hacen? Te hacen mentalmente mierda y hasta a veces físicamente. En mi caso, tenía la mínima esperanza de salir bien o algo. Pero los métodos de R, según él “efectivos” Eran lo peor que había. Cuando contaba como me sentía, él tomaba la decisión de que me encerraran en la habitación donde dormía para “reflexionar”. La primera vez me encerró 2 días. 2 días en los cuales sólo pensaba en como romper la puta ventana y tirarme. Sabéis por que? No puedes, solo no puedes, tener encerrado a pacientes en contra de su voluntad, sin hablar con nadie y antes de eso decirles cosas que les hunden. Porque lo único que haces es alimentar su depresión y hacer que quieran morirse ya. Después de eso volvió a encerrarme, esta vez 4 días. Y a la siguiente 1 semana Mi primer mes ingresada lo pase encerrada casi todo el tiempo. Ya que cada vez que iba a ha largo con él y le contaba como cojones me sentía y como estaba, me encerraba.

Nunca nadie había censurado mi voz de esa forma, Nunca. Los ingresos eran con más gente de entre 12 a 17 años aunque también niños y los que estábamos nos intentábamos apoyar los unos a los otros, porque todos estábamos viviendo un infierno ahí dentro. Soy una persona que puede estar muriéndose pero sabe que es estar mal y como ser humano va a intentar a ayudar a los demás.

Por ello, como allí había cámaras en todos lados R sabia que hacíamos y la gente de allí le contaba como iba todo.Y obviamente, somos críos sabéis, todos con  nuestros problemas, pero gracias a nosotros mismos nos intentábamos animas entre nosotros e intentábamos reír. (Un punto para rescatar es que el contacto físico no estaba permitido, ni siquiera podías sentarte al lado de alguien a menos que estés a 20 metros) Pero aún así repito, como seres humanos con sentimientos, nosotros también reímos, nos enfadamos y lloramos. Convivir ahí entre todos, hace que manifiestes todas esas emociones si o sí. Y eso según mi psiquiatra estaba mal, ya que cuando hablaba con él me trataba de mentirosa.

De querer quedarme ahí toda la vida, porque según él estaba fingiendo estar mal porque me gustaba estar ahí. Sabéis la rabia que da eso? Sabéis las ganas que tenía de salir de ahí? Lo único que hice ahí dentro fue comportarse como cualquier otro ser humano. PORQUE LO SOY, LO SOY, pero para ellos no podías hacerlo porque significaba que estabas mintiendo.

Tuve muchas peleas con él y como digo, psicológicamente me hundió todo lo que pudo. A mi madre le dijo que tenía una enfermedad mental de llamar la atención.

No tenéis idea de que es que te sientes en un despacho con 5 personas más, tu madre, el psiquiatra, y que te diga eso gritandote.

Solo quería morirme, no pensaba en nada más. Así que después de recibir tanto maltrato psicológico la única forma de salir es mentir, e hice lo que todos hicieron. Durante 3 días mentí y me dejaron ir. Obviamente no estaba bien, estaba peor que antes, pero sólo quería salir de ahí. Mentí a todo el mundo con tal de no pasar un día más. Y por desgracia a menos de la semana volví a decaer y volví a ingresar 2 semanas, pero esa vez ya sabía que tenía que hacer para poder salir de ahí, sin que me hagan más daño.

Ramón junto con más gente, son lo peor que puede haber ahí dentro. Solo te maltratan, y eso se supone que es parte de un hospital. Pude salir adelante sin ayuda de ellos y aún habiendo pasado todo eso después de 1 año, tengo miedo, el haber estado allí es peor que un trauma y deseo que nunca nadie pase lo que nosotros pasamos. No van a volver a censurar mi voz nunca, y menos de la forma en la que lo hicieron. A LOS MENORES NO PUEDEN HACERLES ESTO.

NO PUEDES MALTRATARLOS, NO PUEDES, Y MENOS SI SE ENCUENTRAN EN UNA SITUACIÓN TAN MALA Y DESFAVORECIDA

LA GENTE TIENE QUE SER CONSCIENTE DE ESTO Y HACER ALGO YA.

Testimonio 4

Llegada de urgencia, entrevista con 5-7 personas + mamá, te vamos a internar, llorar y perdida/desubicada, llegada, habitación enfermera + auxiliar, registro, cacheo en ropa interior y cambiarte delante de ellas. Te quitan todo. Llorar mucho pasar de mi, condescendencia, sala esperar. Despedida, nadie me explica nada, yo muy desubicada, a la cama a llorar (no podía ni llorar) y miedo por cámara (castigada por algo de lo que no tengo culpa). Siguientes días Nadie me explica absolutamente nada, tengo que preguntar yo al resto de internos, no salimos a ningún sitio, vivimos todo el día bajo una luz artificial que confunde a mi mente y le hace pensar que es constantemente de día, el único deporte o ejercicio que podíamos hacer era andar pasillo arriba y pasillo abajo 20m que me aprendí de memoria. Nadie me aviso que era yo la que tenía que pedir permiso para bajar al patio, ni que era yo la que tenía que pedir los permisos, ni que era yo la que tenía que solicitar las llamadas con mi familia. Nadie me explico nada. Pasaba a la consulta de mis psiquiatras, me hacían las mismas preguntas una y otra vez, me reclamaban que no me abría y que así no podían trabajar, pero no me puedo abrir en un espacio en el que no me siento segura, con gente que no conozco, vestidos con batas, serios y con un público de estudiantes delante, ni yo sabía que me pasaba, obviamente no sabía que tenía que decir, Intentaba hacer lo posible por hablar poco y decir que estaba bien y todo iba genial para salir lo antes posible. En una consulta tras pincharme y pincharme explote, llore mucho y me queje mucho, me dijeron que no me podía regodear en mi pena y mi psiquiatra se me quedó mirando con cara de indiferencia mientras se me caían los mocos y la enfermera me miraba con pena, a continuación el psiquiatra cogió una llamada y tuvo que ser un estudiante de prácticas el que me ofreció un pañuelo, me sentí tan sola, tan incomprendida….. y así me sentía siempre sola, incomprendida, aislada y castigada por algo que no podía controlar, por algo malo que lo había hecho yo. Yo no quería caer en depresión, tener ansiedad ni tener toc, yo no quería autolesionarme de nacimiento, yo no decidí que morir era mi única salida pero allí actuaban como si todo ello lo hubiese provocado yo. Nos tenían todo el día viviendo una vida falsa, hasta arriba de pastillas que hacían que todo lo que paso allí me resulte como un recuerdo nublado, había gente que recibía una dosis tan alta de medicación que SE DORMÍA MIENTRAS QUE ANDABA POR EL PASILLO Y SE CHOCABA CON LAS PAREDES, SE LES CAÍA LA CABEZA EN LA COMIDA…… y la única solución que nos daban era: no dejéis que se duerman, dadle en el hombro que no se puede dormir. Y esto pasaba porque los psiquiatras no tenían ni idea de lo que pasaba en la planta ni como actuábamos, lo sabían por lo que le decían les auxiliares, enfermeres, celadores…. pero sabía lo que pasaba en realidad ya que nos veían 15 min Max al día. Tampoco me avisaron cuánto tiempo iba a estar allí, así que empecé creyendo que iba a estar solo una noche, luego me hicieron creer que serían 3 días y eso paso a ser 1 semana, estaba ansiosa por saber cuando podría salir – quería comunicarme con alguien porque no pude decirle a absolutamente nadie lo que había pasado porque ni yo sabía que me iban a encerrar y Nadie ni mis amigos sabían dónde estaba- al final, esa semana se convirtió en un mes, un mes de sufrimiento y castigo impuesto injustamente supuestamente por mi seguridad. Espero que NADIE absolutamente NADIE tenga que ir allí JAMÁS. Te prometen que te van a ayudar y sales más jodido de lo que entraste.

Testimonio 5

Para empezar creo que después de todo lo vivido por mi parte en la unidad de salud mental infanto juvenil de Ciudad Real me siento una persona más fuerte y he de decir que la gente que no lo haya vivido en sus propias carnes, no puede saber realmente el sufrimiento sobre todo a nivel psicológico. Con el tiempo y madurando me he dado cuenta de que muchas cosas que hacen no las hacen por el bien de las personas, esas “terapias” como las de encierro en la habitación por una semana e incluso contenciones mecánicas por días, no pueden ser saludables, y de hecho no lo son, yo lo he vivido y me han dejado muchos traumas e incluso pesadillas recurrentes a día de hoy. Con tan solo 10 años yo ingresé porque tenía una obsesión por el ejercicio (entre otras cosas) , mi psiquiatra V después de que en las interminables siestas de 2 horas y media yo no me pudiese controlar y tuviese que hacer ejercicio inevitablemente para liberar estrés. Decidió que cada vez que me viesen haciendo ejercicio (por las cámaras de la habitación) deberían contenerme (atarme a la cama) durante 2 horas. Yo me ponía muy nerviosa cuando me ataban y normalmente me tenían más del tiempo estimado. Tengo un recuerdo de eso fatal, día tras día me tenían que atar ya que yo no podía evitarlo, al final decidieron ponerme muchísima medicación que me mantenía casi dormida todo el día. ¿Realmente así me querían ayudar? Yo como niña de 10 años, sentía que quizá esa era la única opción pero claramente con el tiempo me he dado cuenta de que eso es una de las heridas que me ha dejado aquel sitio, que ronda por mi cabeza continuamente. Esta psiquiatra me hizo bastante daño a lo largo de todos mis ingresos, ya no solo por las contenciones, “castigos”, encierros. Sino también por las consultas en las que me decía comentarios como que iba a acabar en un psiquiátrico de por vida, y en las que siempre se me intentaba buscar un diagnóstico, una etiqueta que me definiese, pero sinceramente nunca sé busco ayudarme sino pasarme a consulta por que ese era su trabajo y tratarme como a una mierda más, una cama que ocupar en esa planta, que cuando yo me fuese de alta ocuparía otra persona en mi lugar que sería tratada de esa misma manera… Esto no solo lo digo yo, casi todo el mundo con el que he hablado me ha hablado de sus experiencias y todas tienen algo en común.

Mi madre llegó al punto de pedir que me cambiaran de psiquiatra ya que ella decía que cada día que pasaba allí me veía más triste, desanimada y negativa. Y mi madre también compartía que era por la culpa de las consultas en las que me dejaba por los suelos y me hacía sentir que no valía nada. Además a mi madre la hizo sentir culpable de todos mis problemas y esto hizo que hubiese peleas y enfrentamientos entre mi madre y yo por las cosas que le decía a ella, y las que me decía a mí. ¿Realmente esto es terapéutico enserio?

Ahora voy a hablar de lo que fue el peor mes de mi vida y en gran parte fue por R, un psiquiatra de la unidad. Creo que leyendo lo podréis entender:

Al principio de las consultas con este hombre yo me sentí acorralada, no me dejaba hablar ni expresarme, siempre me cortaba en todo lo que decía, me hacía ver que mi opinión no tenía ningún valor y que sus comentarios como el que yo era una niñata malcriada y que no merecía nada eran los que tenían la razón, me hizo creérmelo, hubieron dos consultas en las que yo me mantuve como pude y no salté.

Pero al tercer día uni las pocas fuerzas que me quedaban y todo empezó por intentar expresar mis opiniones educadamente pero acabo por un ataque de ansiedad en el que me dejó en la habitación, mientras yo lloraba desconsoladamente encogida en la silla del rincón de la habitación, sin apenas poder coordinar mi respiración con mis lágrimas, él alertaba a todo el personal para que vinieran a  atarme a la cama (por simplemente estar llorando), recuerdo que una enfermera intentó hablar conmigo para calmarme y el rápidamente le dijo que se fuese que yo solo quería llamar la atención. Eso al final solo termino en un susto y me dejaron salir de la habitación para comer. Yo sin apenas poder respirar al comer, llorando a lagrima tendida, pues obviamente preocupe a mis compañeros, que después de la siesta me preguntaron lo que había ocurrido, yo contándoselo me puse un poco nerviosa y desgraciadamente las enfermeras escucharon mi conversación con mi compañera y lo apuntaron. Al día siguiente R furioso me encerró en la habitación durante 24 horas, ocurrió exactamente lo que el día anterior montó un espectáculo y me obligó a dejar de llorar ya que según él, molestaba a mis compañeros. Yo no sabía como soportar tanto sufrimiento y ansiedad. Recuerdo que temblaba intentado aguantar las lagrimas y la hiperventilación. Al día siguiente mientras estaba duchándome, abrió la puerta, supuestamente para decirme que ya habían pasado 24 horas pero yo sentí como me miró mientras yo estaba desnuda, me sentí intimidada, asustada y a partir de ahí sentí que nada podía ser peor. No sé si estoy loca si de tanto estrés pude sentir eso, yo la verdad que no me podía creer lo que me estaba pasando. Ese mismo día me paso a consulta, no pare de temblar, intenté asentir a todo lo que decía de mi, no quería tener más problemas. Estuve mucho tiempo callada, sin voz, no supe cómo asimilarlo. En ese momento aprendí que ese sitio estaba mal, muy mal. Comencé a recordar lo mal que me lo habían hecho pasar a lo largo de todos los ingresos, todas las palabras, torturas tanto físicas como mentales. Y de verdad que no sabía si escribir esto o no pero me he dado cuenta de que esto tiene que cambiar, tiene que tener visibilidad. No se puede permitir ese trato y de verdad que esto es solo una pequeña parte de todo.

Testimonio 6

Bueno, mi opinión no es nada favorable, ya que creo que trataron de alejarme de mi familia, se burlaban de mi y de ellos. Por suerte mi unión con mis padres fue más fuerte y se dieron cuenta del asunto.

Muchas veces nos impedían mostrar cómo nos sentíamos y vi auténticas injusticias.

Mi caso fue peculiar porque fue un error por el que me pidieron perdón al salir. Cuando salí narré lo que había vivido a otros profesionales y estuvieron de acuerdo conmigo: el maltrato psicológico debe acabar.

Trabajo y salud mental ¡Viva el 1 de Mayo!

Imagen del blog del Observatorio de empleo

Fátima Masoud Salazar

La salud mental es el bienestar psíquico de las personas y todas somos vulnerables de tener a lo largo de nuestra vida problemas de salud mental, pero principalmente aquellas personas sujetas a la explotación económica, o que manifiesten cualquier disidencia a la norma en cualquier sociedad.

Según la Organización Mundial de la Salud: “El trabajo es beneficioso para la salud mental. Sin embargo, un entorno laboral negativo puede causar problemas físicos y psíquicos.”

Parece que para la Organización Mundial de la Salud el problema está más en el entorno que en términos de explotación y condiciones laborales abusivas.

Guillermo Rendueles en “Las falsas promesas psiquiátricas” explica sobre el acoso laboral lo siguiente:

“La teoría del acoso laboral supone una forma de subjetivización de esas condiciones reales que se complementa a la perfección con esa individuación forzada del trabajo. Si el trabajo me altera y “estoy cansado, con dolores múltiples o pérdida de memoria…” “en el poco tiempo que estoy en casa no me quito de la cabeza los problemas, el trabajo acaba siendo una forma de posesión peor que la diabólica” lejos de buscar acciones colectivas que transformen el tormento o buscar al menos palabras de exorcismo para maldecir al amo, debo encontrar un psiquiatra que me ayude a detectar y combatir al responsable de mi estrés laboral. 

Los problemas de salud mental, en muchos casos, ocurren porque se patologizan las consecuencias de las condiciones de vida a las que nos somete el capitalismo, por tanto se busca curar con pastillas el estrés provocado por las circunstancias negativas en el trabajo en vez de con lucha sindical. Debemos cambiar esta nefasta práctica porque tenemos muy claro que sin condiciones materiales adecuadas, no hay, ni puede haber salud mental para nadie y menos para las trabajadoras.

El Instituto Sindical Europeo publicó en 2015 un informe llamado “Malos trabajos” Índice europeo de la calidad en el trabajo, sobre la calidad del empleo en los 28 países de la Unión Europea que es demoledor para España.  Subraya que el elevadísimo nivel de desempleo (uno de los más altos de la UE) va acompañado con uno de los porcentajes mayores de horas extras. Los trabajadores y trabajadoras españoles son los que hacen más horas extras, lo que afecta a su vida personal (lo que el informe define como “equilibrio entre vida personal y laboral”). En realidad solo en Grecia los trabajadores y trabajadoras están en peor situación que los españoles, es decir, tienen jornadas de trabajo que se alargan todavía más allá de las horas acordadas. Es también importante subrayar que las mujeres trabajadoras incluso trabajan más horas extras que los hombres trabajadores. En este punto cabe señalar el bien conocido hecho entre salubristas de que las mujeres españolas son de las que tienen mayores enfermedades relacionadas con el estrés en la Unión Europea debido a su enorme sobrecarga entre la familia y el trabajo.

También es importante destacar que uno de cada diez trabajadores se encuentra por debajo del umbral de la pobreza.

La individualización de los problemas laborales, su patoligización y medicalización están ganando a la lucha colectiva. 

El neoliberalismo consigue dividir a la clase trabajadora situando los problemas en individuales en vez de en luchas colectivas y a la vez consigue enriquecer a la industria farmacéutica medicalizando los problemas individuales. Con esto obtiene una victoria doble, por una parte asegurarse de que no va a haber una lucha unida de los trabajadores para exigir derechos y por otra seguir generando beneficios.

Si tenemos problemas de ansiedad por motivos laborales el médico nos dará ansiolíticos, en vez de alentarnos a ir a un sindicato para mejorar las condiciones de trabajo de forma colectiva.

Si nuestro hijo no aguanta ocho horas en un aula le diagnosticarán déficit de atención y le administrarán anfetaminas.

Si estamos agotadas por intentar conseguir el mito de la conciliación, lo máximo a lo que podremos aspirar será a una baja de depresión con su inevitable toma de antidepresivos y ansiolíticos. 

Como ya dijimos necesitamos cambiar el sistema y no que nos mediquen para soportarlo. El ya citado Rendueles nos recuerda que “no necesitas un psiquiatra, necesitas un sindicato”.

Revuelta feminista: mujeres y salud mental

Foto del Blog: No es lo mismo ser Loca que Loco. Contra la psiquiatría patriarcal.

Fátima Masoud Salazar

Para las mujeres psiquiatrizadas, nuestro mayor problema es el silencio, el temor a hablar de la tortura y la violencia que se sufre en el sistema psiquiátrico, el que nos aten a la cama, el que nos ingresen involuntariamente privándonos no solo de libertad sino también de derechos, el que nos mediquen a la fuerza. Que esto suceda en un Estado de Derecho y que absolutamente nadie hable de ello o, que si se habla, se justifique en nombre de una enfermedad que no ha sido ratificada por pruebas científicas, es prueba más que suficiente de la opresión que el sistema racista capitalista y patriarcal ejerce en todos los ámbitos de la vida de las mujeres, pero en especial en el de la salud mental.

Nosotras desde nuestro colectivo Orgullo Loco Madrid hemos decido romper con ese silencio, visibilizar la vulneración de nuestro derechos, reivindicar el término de un modelo biomédico que tan sólo beneficia a las farmacéuticas, denunciar los abusos sexuales dentro de los ingresos porque no se nos cree a causa de nuestros diagnósticos, rechazar la aplicación de electroshock, prioritariamente en mujeres, evitar la excesiva medicalización sobre todo en las mujeres,  exigir un sistema de salud mental que cubra a las mujeres en vez de violentarnos, porque no es lo mismo ser loca que loco.  

¿Somos las mujeres más vulnerables de sufrir problemas de salud mental en un sistema racista capitalista y patriarcal?

¿Nos volvemos locas por tanta desigualdad? 

¿Hay una relación entre el patriarcado y la psiquiatrización?

¿El sistema patriarcal ha utilizado la psiquiatría como medio de control? 

Deberíamos ir planteándonos estas preguntas que pertenecen tanto al ámbito de la salud mental como al del feminismo ya que están íntimamente relacionadas. 

Según la Encuesta Nacional de Salud de 2019: 

1 de cada 4 mujeres tiene riesgo de padecer algún problema de salud mental, esto es un 25% de las mujeres frente al 14% de los hombres.

De las personas que consumen psicofármacos el 85% son mujeres frente a un 15% de los hombres según datos de la Unión Europea. 

Hay diferencias por cuestión de género que radican en la abrumadora administración de psicofármacos y en la psiquiatrización de cualquier problema psicológico o biológico que presenta una mujer.

Así en la atención primaria donde numerosos estudios muestran como ante los mismos síntomas físicos se prescriben a las mujeres más tratamientos ansiolíticos y antidepresivos y a los hombres, en cambio, se les realizan más pruebas físicas.

 Se patologizan nuestras emociones, convirtiendo nuestra alegría en manía, nuestra ira en psicosis, nuestra tristeza en depresión y nuestro miedo en paranoia.

La violencia añadida que sufrimos las mujeres psiquiatrizadas se plasma en los siguientes datos:

  • El 84% de las personas psiquiatrizadas se encuentran en situación de desempleo, la mayoría son mujeres.
  • 3 de cada 4 mujeres psiquiatrizadas han sufrido violencia en el ámbito familiar y/o en la pareja alguna vez en su vida.
  • Alrededor del 80% de las mujeres psiquiatrizadas han sufrido violencia por parte de su pareja. 
  • El riesgo que tiene una mujer psiquiatrizada de sufrir violencia en la pareja se multiplica entre 2 y 4 veces sobre la de las mujeres en general.
  • Más de la mitad de las mujeres psiquiatrizadas que han estado en pareja han sufrido violencia física. 
  • Algo más del 40% han sufrido violencia sexual. 
  • Mas del 40% que están sufriendo violencia en la pareja no lo identifican como tal. Esto se debe a que están leslegitimadas por sus diagnósticos, ellas están locas ellos no son violentos.

Por otra parte se dan continuamente abusos sexuales dentro del sistema de salud mental, que quedan impunes por la falta de legitimidad que se aplica a los testimonios de las mujeres psiquiatrizadas.

Silvia Federici explica cómo en EEUU se realizaron lobotomías masivas a las mujeres cuando estaban deprimidas o no cumplían con los trabajos domésticos. La lobotomía era ideal para que las mujeres cumpliesen con las obligaciones “propias de su sexo”. Hoy en día en vez de lobotomías se recetan antidepresivos y benzodiacepinas para cargar con la doble jornada, laboral, del trabajo domestico y de los cuidados.

En muchas ocasiones se identifican como trastorno psiquiátrico los síntomas producidos por situaciones de violencia de género, lo que para muchas mujeres provoca un doble sufrimiento y una revictimización. 

Desde Orgullo Loco Madrid hemos comprendido que es necesario politizar nuestro malestar, para ello es necesario ante todo entender que las causas de nuestro sufrimiento psíquico no son individuales sino colectivas. 

Es entender que cuando a una persona la desahucian no está viviendo una depresión por una fracaso individual sino que tiene un problema de desigualdad económica y social, que es un problema colectivo.

Cuidar a las personas con sufrimiento psíquico y ser cuidados se convierte en un reto anticapitalista.

Desde nuestro colectivo hemos conseguido empezar a visibilizar y a darle valor político a la lucha de las personas psiquiatrizadas y a la lucha por el derecho a la salud mental de todas las personas.

Y ya que es un hecho que las mujeres psiquiatrizadas sufrimos una doble opresión por ser mujeres y locas y por todas estas razones, desde Orgullo Loco Madrid reivindicamos: 

El cumplimiento de los Derechos Humanos, los Derechos fundamentales de la Unión Europea y los Derechos constitucionales del Estado español que se vulneran en la práctica psiquiátrica: los ingresos involuntarios, las contenciones mecánicas, la medicación forzosa, los aislamientos y la sobremedicación.

 Reivindicamos  el fin de un modelo biomédico que presupone daños orgánicos (físicos) sin pruebas científicas, que beneficia sobre todo a la industria farmacéutica y que condena a las personas a la cronificación, además de provocarles efectos secundarios.

Reivindicamos que la salud mental sea una prioridad política, porque las consecuencias de las condiciones materiales, producto de un sistema capitalista, se patologizan, y así se medica el estrés laboral en vez de mejorar las condiciones de trabajo. A este respecto es necesario reforzar la idea (Informe Relator Especial de la ONU de 2017) de que “Las crisis de salud mental no deberían gestionarse como crisis de los trastornos individuales, sino cómo crisis de los obstáculos sociales que impiden el ejercicio de los derechos individuales. Las políticas de salud mental deberían abordar los “desequilibrios de poder” en lugar de los “desequilibrios químicos”.

Reivindicamos la recuperación de la legitimidad de la que somos privadas las personas psiquiatrizadas por lo que el propio diagnóstico implica: el derecho a decidir el propio tratamiento, aceptar o rechazar la medicación, el ingreso involuntario o incluso el ser tutelado.

Reivindicamos que se apruebe una Ley de Salud Mental, como la presentada por Unidas Podemos, como necesaria para la constitución de un marco legal que garantice el cumplimiento de los derechos de las personas con problemas de salud mental. Esperamos que el gobierno de coalición sea la gran oportunidad de llevarla a cabo.

Nuestro colectivo celebra el Día del Orgullo Loco desde hace dos años, este año será el 24 de mayo, haremos una manifestación para reivindicar nuestros derechos y en especial el derecho de toda persona a la salud mental, que pasa por garantizar las condiciones materiales de todas las personas y combatir todas las opresiones que causan problemas de salud mental como la homofobia, la transfobia, el machismo, el capacitismo y el racismo.

Está claro, por tanto, que la lucha por la salud mental debe ser uno de los frentes indispensables en la lucha feminista porque es clave en la lucha contra el racismo, el capitalismo y el patriarcado.

No olvidemos que si tenemos problemas de ansiedad por motivos laborales el médico nos dará ansiolíticos, en vez de alentarnos a ir a un sindicato para mejorar las condiciones de trabajo de forma colectiva.

Si nuestro hijo no aguanta ocho horas en un aula le diagnosticaran de déficit de atención y le administraran anfetaminas.

Si estamos agotadas por intentar conseguir el mito de la conciliación lo máximo a lo que podremos aspirar será a una baja por depresión con su inevitable toma de antidepresivos y ansiolíticos. 

Necesitamos cambiar el sistema, y no que nos mediquen para soportarlo.

El modelo biomédico y posibles alternativas al sistema de salud mental

Fátima Masoud Salazar

(Charla impartida en el taller: “Sonríe: las pastillas de la felicidad y la expansión de la medicalización” por Orgullo Loco Madrid en la X Universidad de Verano Anticapitalista.)

Empezaré hablando del modelo biomédico y de por qué ha triunfado como modelo dominante en los últimos cincuenta años y para finalizar propondré alternativas deseables al actual sistema de salud mental. 

En cuanto al modelo biomédico:

Nos dicen continuamente que las enfermedades mentales son enfermedades del cerebro, que son hereditarias, que los enfermos tienen que tomar su medicación o resultarán peligrosos, que una enfermedad mental es igual que la diabetes y por tanto, los psicofármacos funcionan como la insulina. ¿Cómo han llegado a constituirse esta serie de afirmaciones en doctrina?

Robert Whitaker en su libro “Anatomía de una epidemia” nos ayuda a aclararlo, y cito: 

“Durante los últimos veinticinco años, el orden establecido psiquiátrico nos ha contado una historia falsa. Nos dijo que la esquizofrenia, la depresión y la enfermedad bipolar se sabe que son enfermedades cerebrales, a pesar de que no puede indicar ningún estudio científico que documente esa pretensión. Nos contó que los medicamentos psiquiátricos corrigen desequilibrios químicos en el cerebro, pese al hecho de que décadas de investigación no consiguieron demostrar que eso fuese así. Nos contó que Prozac y los demás psicotrópicos de segunda generación eran mucho mejores y más seguros que los fármacos de primera generación, pese al hecho de que los estudios clínicos habían demostrado que no era así. Y lo más importante de todo, el orden establecido psiquiátrico no nos contó que los fármacos empeoran los resultados a largo plazo.”

¿Cómo ha conseguido el orden establecido psiquiátrico convertir una historia falsa en la creencia dominante?

Para explicarlo debemos remontarnos a EEUU tras la segunda Guerra Mundial, entonces había 425.000 personas encerradas en los hospitales mentales y durante la guerra se habían declarado 1,75 millones de personas no aptas mentalmente para el servicio militar, en consecuencia, la enfermedad mental se convirtió en una preocupación primordial. Por entonces los tratamientos médicos consistían en el electrochoque, la lobotomía y el tratamiento insulínico, pero rápidamente, se empezaron a buscar soluciones paralelas al triunfo del avance de los antibióticos en las enfermedades infecciosas. El director del Instituto de Hartford Charles Burlingame declararía “Puedo prever la llegada de un tiempo en el que nosotros, en el campo de la psiquiatría, nos desprendamos de una vez por todas de nuestros antecedentes, olvidando nuestro origen en el asilo de pobres, el hospicio y la cárcel. Imagino una época en la que seamos médicos, pensemos como médicos y dirijamos nuestras instituciones psiquiátricas casi del mismo modo y con las mismas relaciones que se dan en las mejores instituciones médicas y quirúrgicas.”

El Congreso creó en 1949 el Instituto Nacional de Salud Mental para que supervisara la Ley Nacional de Salud Mental que había sido aprobada en 1946, en la cual se legislaba que el Gobierno sería el que patrocinaría la investigación para la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de los trastornos mentales.

No tardaron en aparecer medicamentos milagrosos para la esquizofrenia, la depresión y la ansiedad en una industria farmacéutica en rápido crecimiento dispuesta a capitalizar nuevos beneficios. 

Durante la década de 1950 los investigadores del Instituto Nacional de Salud Mental y   otros   propusieron la teoría del desequilibrio químico para explicar los trastornos mentales, en la cual, las pastillas podían curar todas las supuestas enfermedades del cerebro. 

Cada año salía un nuevo psicofármaco. Esta fue la década del boom de la primera generación de psicofármacos.

Pero dos décadas después la psiquiatría estaba en crisis, por una parte, apareció el movimiento antipsiquiatría liderado por Thomas Szasz quien en “El mito de la enfermedad mental” aseguraba que los trastornos psiquiátricos no eran de tipo médico, sino más bien etiquetas aplicadas a gente que luchaba con sus problemas de vida o que sólo se comportaba de formas socialmente insólitas.” 

Otro problema fue la competencia por los pacientes por parte de la industria de la terapia. 

Además, ya se habían demostrado los efectos graves de psicofármacos como las benzodiacepinas y se había demostrado la adicción que generaban.

Para salir de la crisis y reforzar el modelo biomédico la Asociación Psiquiátrica Americana eligió a Robert Spitzer en 1980 para revisar el Manual de Diagnóstico y Estadístico, la intención era defender un modelo médico aplicado a problemas psiquiátricos y así nació el DSM-III  que identificaba 265 trastornos diferentes.

Whitaker cuenta como “Críticos del manual afirmaban que “Ningún descubrimiento científico había conducido aquella reconfiguración de los diagnósticos psiquiátricos. La biología de los trastornos mentales seguía siendo desconocida, y los autores del manual confesaban incluso que era así. La mayoría de los diagnósticos, decían, << aún no han sido revalidados plenamente con datos sobre cuestiones tan importantes como el curso clínico, el resultado de la historia de la familia y la respuesta al tratamiento.>>”

Mientras la Asociación Psiquiátrica Americana creó en 1981 la división de publicaciones y marketing para fortalecer la identificación médica de los psiquiatras. La tarea de la Asociacion según su vicepresidente de entonces, Peter Fink era proteger el poder adquisitivo de los psiquiatras.

Así en 1980 la Asociación decidió permitir por votación que las empresas farmacéuticas empezasen a patrocinar simposios científicos en su reunión anual.

Cuando la Asociación creó un comité de acción política en 1982 para cabildear en el Congreso, esa tarea fue subvencionada por las farmacéuticas.

Los psiquiatras de distintas facultades, convertidos en lideres de pensamiento, fueron los que determinaron la visión de las enfermedades mentales de nuestra sociedad y una vez que empezaron a servir como oradores pagados, las empresas farmacéuticas les daban dinero a través de distintos canales.

De esta forma se llevo a cabo un plan de marketing por parte de la industria farmacéutica y los psiquiatras, donde para vender los psicofármacos era necesario afianzar la idea de la enfermedad en el cerebro.

Citando una vez más a Whitaker:

“Un poderoso sector de voces se unió durante la década de 1980 deseoso de informar al público de que los trastornos mentales eran enfermedades cerebrales. Las empresas farmacéuticas aportaron el músculo económico. La Asociación Psiquiátrica Americana y psiquiatras de importantes facultades de medicina otorgaron a la empresa legitimidad intelectual. El Instituto Nacional de Salud Mental estampó el sello de aprobación del Gobierno a la historia. NAMI (Alianza Nacional en favor de los Mentalmente Enfermos) aportó una autoridad moral.”

Como queda demostrado la visión biomédica es ideológica, se basa en la creencia de un supuesto daño orgánico que origina la enfermedad mental sin ninguna prueba empírica. 

¿Cuáles han sido las consecuencias del modelo biomédico en los últimos cincuenta años? 

Para empezar unos ingentes beneficios conseguidos por la industria farmacéutica con las ventas de psicofármacos en el mundo.

Cuatro millones de adultos estadounidenses de menos de sesenta y cinco años de edad están hoy en la seguridad social como discapacitados por enfermedad mental. Uno de cada quince jóvenes adultos está funcionalmente discapacitado por enfermedad mental. 250 niños y adolescentes se añaden a diario a las listas de la seguridad social por enfermedad mental.

La principal consecuencia del modelo biomédico es una epidemia de enfermedad mental discapacitadora, de tipo iatrogénico. 

La iatrogenia es un daño en la salud, causado o provocado por un acto médico. Deriva de la palabra yatrogénesis que tiene por significado literal “provocado por el médico o sanador.”

Las personas psiquiatrizadas, diagnosticadas y medicadas acaban sufriendo un proceso iatrogénico que se podría calificar de “enfermedad polifarmaceutica de medicamentos psiquiátricos.” Whitaker.

Los fármacos operan perturbando el funcionamiento normal de canales neuronales del cerebro. Los fármacos, en vez de estabilizar desequilibrios químicos en el cerebro los crean.

Muchas de las personas tratadas con psicotrópicos acaban con síntomas psiquiátricos nuevos y más graves, físicamente enfermos y cognitivamente deteriorados.

En conclusión, la afirmación de Whitaker en su “Anatomía de una epidemia”, con la cual nos sentimos plenamente identificadas, de que  

“ Nuestra sociedad cree que los medicamentos psiquátricos han significado un avance “revolucionario” en el tratamiento de los trastornos mentales, y sin embargo estás páginas hablan de una epidemia de enfermedad mental discapacitadora provocada por los fármacos.” Es una certidumbre que debería ser reconocida y aceptada por el actual sistema de salud mental.

Para que haya alternativas tendría que cambiar la mentalidad de los profesionales y de la opinión pública, por lo tanto, citando a Alberto Fernández Liria:

“La labor crítica pasa en primer lugar por desenmascarar las falsas promesas que entrañan las mercancías que nos prometen acabar con el sufrimiento.” 

 Así que desde Orgullo Loco Madrid proponemos como alternativas:   

 Buscar los medios de desenmascarar y superar el modelo biomédico.

Crear un marco legal para erradicar la vulneración de Derechos Humanos en la práctica psiquiátrica.

Adoptar el modelo de Casas de crisis, que ya funcionan en otros países. 

Neutralizar por medio de una legislación adecuada el modelo de financiación de las grandes compañías farmacéuticas a los profesionales y a las universidades.

Crear redes de apoyo más allá de la familia.

Investigar las psicoterapias y su resultado. 

 Impulsar los grupos de apoyo mutuo.  

Promover iniciativas como la del Hospital noruego que trata a las personas sin utilizar fármacos. 

Eliminar la categorización de enfermo mental 

Conseguir que los medios de comunicación dejen de asociar peligrosidad con enfermedad mental. 

Por otra parte, debo añadir que nuestra lucha jamás se puede entender como una lucha contra la sanidad pública sino contra un modelo neoliberal que saca beneficio de ella. 

En conclusión, no somos enfermas, nos han enfermado para convertirnos en clientes.

De cerca nadie es normal

Fátima Masoud Salazar

De perto ninguém é normal (de cerca nadie es normal) es una frase original de una canción de Caetano Veloso, que se convirtió en el lema del movimiento brasileño de salud mental. El gobierno de Bolsonaro quiere imponer una visión ideológica de lo que es la normalidad y una vez impuesta quiere volver a llenar los manicomios en Brasil y, además, privatizarlos.

Hace unas semanas pudimos leer  sobre la nueva propuesta de la Política de la Salud Mental y Política Nacional de Drogas que ha presentado el gobierno de Jair Bolsonaro. En la propuesta se potencian los ingresos en hospitales psiquiátricos, ampliando el número de plazas. lo cual va directamente acompañado de la reducción de la partida presupuestaria para los Centros de Atención Psicosocial Además, potencia el uso de formas de tortura como el electroshock y favorece las llamadas comunidades terapéuticas, muchas de ellas vinculadas a instituciones religiosas y carentes de control estatal.

La propuesta supone un retroceso respecto a la Ley de Salud Mental de 2001, una victoria social de la lucha antimanicomial y sanitaria en Brasil, a través de la cual se establecieron mecanismos de financiación para los servicios que sustituyen los hospitales psiquiátricos. 

La enfermedad mental es una construcción social que ha ido variando según el contexto histórico, social, político y cultural, sirviendo como arma de contención social. Uno de los ejemplos más significativos lo constituye la drapetomanía, una condición reconocida en 1850 por la Sociedad Médica de Lousiana que consistía en el deseo “irracional” que algunos esclavos tenían de huir de las plantaciones. Esto es un ejemplo claro de cómo la propia idea de qué constituye la norma se ha moldeado en función de los intereses de los poderes hegemónicos, patologizando y criminalizando a quienes se sitúan fuera de ella.   

Otro de los elementos rescatados por la extrema derecha que se ha hecho con el poder en Brasil son las mal llamadas “terapias de conversión”, una forma de tortura institucionalizada que pretende cambiar la orientación sexual de la víctima. Actualmente están prohibidas en Brasil, pero ya hay una propuesta en el Congreso Nacional que plantea volver a implantarlas. En el Estado español no hay una legislación homogénea sobre esta cuestión, aunque en algunos territorios como la Comunidad de Madrid sí están prohibidas. Sin embargo, esto no impide a sectores ultra ligados a la Iglesia Católica practiquen pseudoterapias e impartan cursos, como se ha revelado recientemente que hacía la Diócesis de Alcalá de Henares. Pese a que la homosexualidad fue despatologizada por la Organización Mundial de la Salud en el año 1990, estas prácticas nos demuestran cómo las estructuras de poder, en este caso las religiosas, tienen capacidad de dictar una norma que patologiza y legitima la tortura hacia quienes se sitúan fuera de ella. Mientras existan estas estructuras no podremos ser verdaderamente libres, y por ello el objetivo no puede ser generar una nueva normalidad, escapar de esta forma de violencia para encajar en una de las categorías y seguir perpetuando esa discriminación hacia otras personas. La solución pasa por la abolición de estas estructuras de poder. 

El horror de Brasil nos debería hacer reflexionar sobre la vulneración de Derechos Humanos en la práctica psiquiátrica que persiste en el Estado Español, donde la reforma psiquiátrica fue insuficiente y donde no existe aún un marco legal para proteger los derechos de las personas con problemas de salud mental.

En nuestro país todos los días en las plantas psiquiátricas de los hospitales públicos y en los hospitales psiquiátricos públicos, privados y concertados se vulneran no sólo los Derechos Humanos sino también la Carta Europea de Derechos Fundamentales y los derechos constitucionalmente recogidos. No hablamos exclusivamente  de la pérdida de libertad, sino que se practican las contenciones mecánicas (el ser atada o atado, una práctica que el año pasado terminó asesinando a dos personas) los ingresos involuntarios, la medicalización forzosa, los aislamientos y la sobremedicación. Además, el avance de la privatización de la sanidad por parte de las derechas transforma la salud mental en un negocio, que además de restringir derechos convierte a las personas cronificadas en fieles clientes y se sirve de la medicación para seguir enriqueciendo a la industria farmacéutica.

En relación a estas prácticas, sólo es necesario recordar el Informe del Relator Especial de la ONU sobre la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes exhorta a todos los Estados a “hacer cumplir la prohibición de la tortura en todas las instituciones de atención de la salud, tanto públicas como privadas, por ejemplo, entre otras cosas, declarando que los abusos cometidos en el contexto de la atención de la salud equivalen a un trato o pena cruel, inhumano o degradante; regulando las prácticas de atención de la salud con miras a prevenir los malos tratos bajo cualquier contexto; e integrando las disposiciones de la prevención de la tortura y los malos tratos en las políticas de atención de la salud.” 

Para llevar a cabo dichas recomendaciones y legislar sobre la eliminación de la tortura en la práctica psiquiátrica, el grupo confederal de Unidos Podemos registró el pasado mes de febrero, la primera Ley Integral de Salud Mental a nivel estatal.  Una iniciativa que vela por los derechos de las personas con problemas de salud mental, donde se regula que “en ningún caso se procederá al internamiento u hospitalización en contra de la voluntad de el o la paciente” o la creación en cada Comunidad Autónoma de la figura del Defensor o Defensora del Paciente con problemas de salud mental. Se trata de una iniciativa pionera que da el primer paso en un camino que aún es largo. Avanzar en este camino es fundamental para garantizar los derechos de una parte de la población, por supuesto, pero también para construir una sociedad globalmente más justa. Una sociedad donde todas las personas seamos más libres y el apartarse de la norma no se traduzca en privación de libertad y electroshocks. Y para ello es imprescindible que seamos capaces de articular una mayoría progresista. Necesitamos una mayoría que no tenga miedo a cuestionar los dogmas que nos imponen.

Todas las personas somos vulnerables ante el sufrimiento psíquico, recuerden: De perto ninguém é normal

Manifiesto del Día del Orgullo Loco en Madrid

Somos un colectivo de activistas en salud mental formado por personas psiquiatrizadas (personas con problemas de salud mental que hemos sufrido el sistema psiquiátrico) que celebramos el Día del Orgullo Loco en Madrid, el día en que hemos elegido manifestar públicamente tanto la necesidad de otra concepción de la locura como la exigencia de exponer nuestras reivindicaciones contra dicho sistema.

  1. Reivindicamos el cumplimiento de los Derechos Humanos, ​los Derechos fundamentales de la Unión Europea y los Derechos constitucionales del Estado español que se vulneran en la práctica psiquiátrica: los ingresos involuntarios, las contenciones mecánicas, la medicación forzosa, los aislamientos y la sobremedicación.
  2. Reivindicamos el fin de un modelo biologicista que presupone daños orgánicos (físicos) sin pruebas científicas, que beneficia sobre todo a la industria farmacéutica y que condena a las personas a la cronificación, además de provocarles efectos secundarios.
  3. Reivindicamos que la salud mental sea una prioridad política​, porque las consecuencias de las condiciones materiales, producto de un sistema capitalista, se patologizan, y así se medica el estrés laboral en vez de mejorar las condiciones de trabajo. A este respecto es necesario reforzar la idea (Informe Relator Especial de la ONU de 2017) de que “Las crisis de salud mental no deberían gestionarse como crisis de los trastornos individuales, sino cómo crisis de los obstáculos sociales que impiden el ejercicio de los derechos individuales. Las políticas de salud mental deberían abordar los “desequilibrios de poder” en lugar de los “desequilibrios químicos”.
  4. Reivindicamos la recuperación de la legitimidad de la que somos privadas las personas psiquiatrizadas por lo que el propio diagnóstico implica: el derecho a decidir el propio tratamiento, aceptar o rechazar la medicación, el ingreso involuntario o incluso el ser tutelado.
  5. Reivindicamos que se apruebe una Ley de Salud Mental como necesaria para la constitución de un marco legal que garantice el cumplimiento de los derechos de las personas con problemas de salud mental.
  6. Denunciamos la doble opresión que sufrimos las mujeres psiquiatrizadas por ser mujeres y locas. Denunciamos los continuos abusos sexuales dentro del sistema de salud mental, que quedan impunes por la falta de legitimidad que tenemos debido a nuestras etiquetas. Reiteramos que las mujeres psiquiatrizadas somos más vulnerables de sufrir violencia machista y que recibimos un trato distinto cuando pedimos ayuda contra el maltrato.
  7. Denunciamos que el racismo tanto institucional como social potencia el maltrato, el aislamiento y el malestar personal​. Hace más propensos a ingresar en hospitales psiquiátricos a los emigrantes que a los autóctonos, en lo que a proporción de población se refiere.
  8. Denunciamos que se patologice nuestra orientación sexual e identidad o expresión de género​, y que la Iglesia realice supuestas terapias de conversión que pretenden cambiarlas. A su vez desde el colectivo trans reivindicamos el derecho a la libre determinación de la identidad de género y la eliminación de toda forma de patologización.
  9. Denunciamos la asociación que mantienen los medios de comunicación entre peligrosidad y violencia y “enfermedad mental”​. Dicha asociación permite justificar las coerciones en la práctica psiquiátrica.
  10. Reivindicamos el empoderamiento de las personas psiquiatrizadas y supervivientes de la psiquiatría, Además de nuestra politización para poder luchar por el derecho de vivir sin opresión, redefiniendo el concepto de locura y exigiendo justicia y reparación por el trato recibido por el sistema psiquiátrico.
  11. Denunciamos un sistema capacitista que nos segrega en función de nuestras capacidades, en el que no se cumplen los derechos de las personas con diversidad funcional y que nos hace proclives a sufrir problemas de salud mental.
  12. Denunciamos que el 84% de las personas psiquiatrizadas nos encontramos en situación de desempleo, lo que nos lleva a la pobreza y exclusión. A su vez las pensiones que algunas de nosotras recibimos por nuestra condición son insuficientes obligándonos a depender de nuestras familias.
  13. Denunciamos la patologización de la infancia y la adolescencia y su consecuente psiquiatrización.
  14. Reivindicamos que las personas psiquiatrizadas que hemos sido desahuciadas por el sistema, consideradas irreversibles, tuteladas y recluidas en centros desde hace décadas, tengamos la oportunidad de volver a tener el control y nuestros derechos en todos los ámbitos de nuestras vidas y recibamos un trato digno. Por lo cual exigimos que las tutelas no sean unas medidas permanentes, sino que por el contrario sean medidas revisables y se implementen procesos ágiles de recapacitación que hagan posible la recuperación de nuestra libertad de elección y de existencia.

¡Que viva el Orgullo Loco!

Reivindicaciones para los programas políticos de las próximas elecciones generales

El colectivo Orgullo Loco Madrid, de activismo en salud mental integrado por personas psiquiatrizadas, presenta las siguientes reivindicaciones para su inclusión en los programas políticos de las próximas elecciones generales del 28 de abril:

  1. Reivindicamos que se apruebe la Ley de Salud Mental registrada por Unidos Podemos en la pasada legislatura, como necesaria para la aprobación de un marco legal que garantice el cumplimiento de los derechos de las personas con problemas de salud mental.
  2. Reivindicamos el cumplimiento de los Derechos Humanos, los Derechos fundamentales de la Unión Europea y los derechos constitucionales del Estado español que se vulneran en la práctica psiquiátrica: los ingresos involuntarios, las contenciones mecánicas, la medicación forzosa, los aislamientos y la sobremedicación.
  3. Reivindicamos el fin de un modelo biologicista que presupone daños orgánicos (físicos) sin pruebas científicas, que beneficia sobre todo a la industria farmacéutica y que condena a las personas a la cronificación, además de provocarles efectos secundarios.
  4. Reivindicamos que la salud mental sea una prioridad política, porque las consecuencias de las condiciones materiales, producto de un sistema neoliberal, se patologizan, y así se medica el estrés laboral en vez de mejorar las condiciones de trabajo. A este respecto es necesario reforzar la idea (Informe Relator Especial de la ONU de 2017) de que “Las crisis de salud mental no deberían gestionarse como crisis de los trastornos individuales, sino cómo crisis de los obstáculos sociales que impiden el ejercicio de los derechos individuales. Las políticas de salud mental deberían abordar los “desequilibrios de poder” en lugar de los “desequilibrios químicos”.
  5. Reivindicamos la recuperación de la legitimidad de la que son privadas las personas psiquiatrizadas por lo que el propio diagnóstico implica: el derecho a decidir el propio tratamiento, aceptar o rechazar la medicación, el ingreso involuntario o incluso el ser tutelado. Además, demandamos justicia y reparación por el trato recibido por el sistema psiquiátrico.
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