Trabajo y salud mental ¡Viva el 1 de Mayo!

Imagen del blog del Observatorio de empleo

La salud mental es el bienestar psíquico de las personas y todas somos vulnerables de tener a lo largo de nuestra vida problemas de salud mental, pero principalmente aquellas personas sujetas a la explotación económica, o que manifiesten cualquier disidencia a la norma en cualquier sociedad.

Según la Organización Mundial de la Salud: “El trabajo es beneficioso para la salud mental. Sin embargo, un entorno laboral negativo puede causar problemas físicos y psíquicos.”

Parece que para la Organización Mundial de la Salud el problema está más en el entorno que en términos de explotación y condiciones laborales abusivas.

Guillermo Rendueles en “Las falsas promesas psiquiátricas” explica sobre el acoso laboral lo siguiente:

“La teoría del acoso laboral supone una forma de subjetivización de esas condiciones reales que se complementa a la perfección con esa individuación forzada del trabajo. Si el trabajo me altera y “estoy cansado, con dolores múltiples o pérdida de memoria…” “en el poco tiempo que estoy en casa no me quito de la cabeza los problemas, el trabajo acaba siendo una forma de posesión peor que la diabólica” lejos de buscar acciones colectivas que transformen el tormento o buscar al menos palabras de exorcismo para maldecir al amo, debo encontrar un psiquiatra que me ayude a detectar y combatir al responsable de mi estrés laboral. 

Los problemas de salud mental, en muchos casos, ocurren porque se patologizan las consecuencias de las condiciones de vida a las que nos somete el capitalismo, por tanto se busca curar con pastillas el estrés provocado por las circunstancias negativas en el trabajo en vez de con lucha sindical. Debemos cambiar esta nefasta práctica porque tenemos muy claro que sin condiciones materiales adecuadas, no hay, ni puede haber salud mental para nadie y menos para las trabajadoras.

El Instituto Sindical Europeo publicó en 2015 un informe llamado “Malos trabajos” Índice europeo de la calidad en el trabajo, sobre la calidad del empleo en los 28 países de la Unión Europea que es demoledor para España.  Subraya que el elevadísimo nivel de desempleo (uno de los más altos de la UE) va acompañado con uno de los porcentajes mayores de horas extras. Los trabajadores y trabajadoras españoles son los que hacen más horas extras, lo que afecta a su vida personal (lo que el informe define como “equilibrio entre vida personal y laboral”). En realidad solo en Grecia los trabajadores y trabajadoras están en peor situación que los españoles, es decir, tienen jornadas de trabajo que se alargan todavía más allá de las horas acordadas. Es también importante subrayar que las mujeres trabajadoras incluso trabajan más horas extras que los hombres trabajadores. En este punto cabe señalar el bien conocido hecho entre salubristas de que las mujeres españolas son de las que tienen mayores enfermedades relacionadas con el estrés en la Unión Europea debido a su enorme sobrecarga entre la familia y el trabajo.

También es importante destacar que uno de cada diez trabajadores se encuentra por debajo del umbral de la pobreza.

La individualización de los problemas laborales, su patoligización y medicalización están ganando a la lucha colectiva. 

El neoliberalismo consigue dividir a la clase trabajadora situando los problemas en individuales en vez de en luchas colectivas y a la vez consigue enriquecer a la industria farmacéutica medicalizando los problemas individuales. Con esto obtiene una victoria doble, por una parte asegurarse de que no va a haber una lucha unida de los trabajadores para exigir derechos y por otra seguir generando beneficios.

Si tenemos problemas de ansiedad por motivos laborales el médico nos dará ansiolíticos, en vez de alentarnos a ir a un sindicato para mejorar las condiciones de trabajo de forma colectiva.

Si nuestro hijo no aguanta ocho horas en un aula le diagnosticarán déficit de atención y le administrarán anfetaminas.

Si estamos agotadas por intentar conseguir el mito de la conciliación, lo máximo a lo que podremos aspirar será a una baja de depresión con su inevitable toma de antidepresivos y ansiolíticos. 

Como ya dijimos necesitamos cambiar el sistema y no que nos mediquen para soportarlo. El ya citado Rendueles nos recuerda que “no necesitas un psiquiatra, necesitas un sindicato”.

Revuelta feminista: mujeres y salud mental

Foto del Blog: No es lo mismo ser Loca que Loco. Contra la psiquiatría patriarcal.

Para las mujeres psiquiatrizadas, nuestro mayor problema es el silencio, el temor a hablar de la tortura y la violencia que se sufre en el sistema psiquiátrico, el que nos aten a la cama, el que nos ingresen involuntariamente privándonos no solo de libertad sino también de derechos, el que nos mediquen a la fuerza. Que esto suceda en un Estado de Derecho y que absolutamente nadie hable de ello o, que si se habla, se justifique en nombre de una enfermedad que no ha sido ratificada por pruebas científicas, es prueba más que suficiente de la opresión que el sistema racista capitalista y patriarcal ejerce en todos los ámbitos de la vida de las mujeres, pero en especial en el de la salud mental.

Nosotras desde nuestro colectivo Orgullo Loco Madrid hemos decido romper con ese silencio, visibilizar la vulneración de nuestro derechos, reivindicar el término de un modelo biomédico que tan sólo beneficia a las farmacéuticas, denunciar los abusos sexuales dentro de los ingresos porque no se nos cree a causa de nuestros diagnósticos, rechazar la aplicación de electroshock, prioritariamente en mujeres, evitar la excesiva medicalización sobre todo en las mujeres,  exigir un sistema de salud mental que cubra a las mujeres en vez de violentarnos, porque no es lo mismo ser loca que loco.  

¿Somos las mujeres más vulnerables de sufrir problemas de salud mental en un sistema racista capitalista y patriarcal?

¿Nos volvemos locas por tanta desigualdad? 

¿Hay una relación entre el patriarcado y la psiquiatrización?

¿El sistema patriarcal ha utilizado la psiquiatría como medio de control? 

Deberíamos ir planteándonos estas preguntas que pertenecen tanto al ámbito de la salud mental como al del feminismo ya que están íntimamente relacionadas. 

Según la Encuesta Nacional de Salud de 2019: 

1 de cada 4 mujeres tiene riesgo de padecer algún problema de salud mental, esto es un 25% de las mujeres frente al 14% de los hombres.

De las personas que consumen psicofármacos el 85% son mujeres frente a un 15% de los hombres según datos de la Unión Europea. 

Hay diferencias por cuestión de género que radican en la abrumadora administración de psicofármacos y en la psiquiatrización de cualquier problema psicológico o biológico que presenta una mujer.

Así en la atención primaria donde numerosos estudios muestran como ante los mismos síntomas físicos se prescriben a las mujeres más tratamientos ansiolíticos y antidepresivos y a los hombres, en cambio, se les realizan más pruebas físicas.

 Se patologizan nuestras emociones, convirtiendo nuestra alegría en manía, nuestra ira en psicosis, nuestra tristeza en depresión y nuestro miedo en paranoia.

La violencia añadida que sufrimos las mujeres psiquiatrizadas se plasma en los siguientes datos:

  • El 84% de las personas psiquiatrizadas se encuentran en situación de desempleo, la mayoría son mujeres.
  • 3 de cada 4 mujeres psiquiatrizadas han sufrido violencia en el ámbito familiar y/o en la pareja alguna vez en su vida.
  • Alrededor del 80% de las mujeres psiquiatrizadas han sufrido violencia por parte de su pareja. 
  • El riesgo que tiene una mujer psiquiatrizada de sufrir violencia en la pareja se multiplica entre 2 y 4 veces sobre la de las mujeres en general.
  • Más de la mitad de las mujeres psiquiatrizadas que han estado en pareja han sufrido violencia física. 
  • Algo más del 40% han sufrido violencia sexual. 
  • Mas del 40% que están sufriendo violencia en la pareja no lo identifican como tal. Esto se debe a que están leslegitimadas por sus diagnósticos, ellas están locas ellos no son violentos.

Por otra parte se dan continuamente abusos sexuales dentro del sistema de salud mental, que quedan impunes por la falta de legitimidad que se aplica a los testimonios de las mujeres psiquiatrizadas.

Silvia Federici explica cómo en EEUU se realizaron lobotomías masivas a las mujeres cuando estaban deprimidas o no cumplían con los trabajos domésticos. La lobotomía era ideal para que las mujeres cumpliesen con las obligaciones “propias de su sexo”. Hoy en día en vez de lobotomías se recetan antidepresivos y benzodiacepinas para cargar con la doble jornada, laboral, del trabajo domestico y de los cuidados.

En muchas ocasiones se identifican como trastorno psiquiátrico los síntomas producidos por situaciones de violencia de género, lo que para muchas mujeres provoca un doble sufrimiento y una revictimización. 

Desde Orgullo Loco Madrid hemos comprendido que es necesario politizar nuestro malestar, para ello es necesario ante todo entender que las causas de nuestro sufrimiento psíquico no son individuales sino colectivas. 

Es entender que cuando a una persona la desahucian no está viviendo una depresión por una fracaso individual sino que tiene un problema de desigualdad económica y social, que es un problema colectivo.

Cuidar a las personas con sufrimiento psíquico y ser cuidados se convierte en un reto anticapitalista.

Desde nuestro colectivo hemos conseguido empezar a visibilizar y a darle valor político a la lucha de las personas psiquiatrizadas y a la lucha por el derecho a la salud mental de todas las personas.

Y ya que es un hecho que las mujeres psiquiatrizadas sufrimos una doble opresión por ser mujeres y locas y por todas estas razones, desde Orgullo Loco Madrid reivindicamos: 

El cumplimiento de los Derechos Humanos, los Derechos fundamentales de la Unión Europea y los Derechos constitucionales del Estado español que se vulneran en la práctica psiquiátrica: los ingresos involuntarios, las contenciones mecánicas, la medicación forzosa, los aislamientos y la sobremedicación.

 Reivindicamos  el fin de un modelo biomédico que presupone daños orgánicos (físicos) sin pruebas científicas, que beneficia sobre todo a la industria farmacéutica y que condena a las personas a la cronificación, además de provocarles efectos secundarios.

Reivindicamos que la salud mental sea una prioridad política, porque las consecuencias de las condiciones materiales, producto de un sistema capitalista, se patologizan, y así se medica el estrés laboral en vez de mejorar las condiciones de trabajo. A este respecto es necesario reforzar la idea (Informe Relator Especial de la ONU de 2017) de que “Las crisis de salud mental no deberían gestionarse como crisis de los trastornos individuales, sino cómo crisis de los obstáculos sociales que impiden el ejercicio de los derechos individuales. Las políticas de salud mental deberían abordar los “desequilibrios de poder” en lugar de los “desequilibrios químicos”.

Reivindicamos la recuperación de la legitimidad de la que somos privadas las personas psiquiatrizadas por lo que el propio diagnóstico implica: el derecho a decidir el propio tratamiento, aceptar o rechazar la medicación, el ingreso involuntario o incluso el ser tutelado.

Reivindicamos que se apruebe una Ley de Salud Mental, como la presentada por Unidas Podemos, como necesaria para la constitución de un marco legal que garantice el cumplimiento de los derechos de las personas con problemas de salud mental. Esperamos que el gobierno de coalición sea la gran oportunidad de llevarla a cabo.

Nuestro colectivo celebra el Día del Orgullo Loco desde hace dos años, este año será el 24 de mayo, haremos una manifestación para reivindicar nuestros derechos y en especial el derecho de toda persona a la salud mental, que pasa por garantizar las condiciones materiales de todas las personas y combatir todas las opresiones que causan problemas de salud mental como la homofobia, la transfobia, el machismo, el capacitismo y el racismo.

Está claro, por tanto, que la lucha por la salud mental debe ser uno de los frentes indispensables en la lucha feminista porque es clave en la lucha contra el racismo, el capitalismo y el patriarcado.

No olvidemos que si tenemos problemas de ansiedad por motivos laborales el médico nos dará ansiolíticos, en vez de alentarnos a ir a un sindicato para mejorar las condiciones de trabajo de forma colectiva.

Si nuestro hijo no aguanta ocho horas en un aula le diagnosticaran de déficit de atención y le administraran anfetaminas.

Si estamos agotadas por intentar conseguir el mito de la conciliación lo máximo a lo que podremos aspirar será a una baja por depresión con su inevitable toma de antidepresivos y ansiolíticos. 

Necesitamos cambiar el sistema, y no que nos mediquen para soportarlo.

El modelo biomédico y posibles alternativas al sistema de salud mental

(Charla impartida en el taller: “Sonríe: las pastillas de la felicidad y la expansión de la medicalización” por Orgullo Loco Madrid en la X Universidad de Verano Anticapitalista.)

Empezaré hablando del modelo biomédico y de por qué ha triunfado como modelo dominante en los últimos cincuenta años y para finalizar propondré alternativas deseables al actual sistema de salud mental. 

En cuanto al modelo biomédico:

Nos dicen continuamente que las enfermedades mentales son enfermedades del cerebro, que son hereditarias, que los enfermos tienen que tomar su medicación o resultarán peligrosos, que una enfermedad mental es igual que la diabetes y por tanto, los psicofármacos funcionan como la insulina. ¿Cómo han llegado a constituirse esta serie de afirmaciones en doctrina?

Robert Whitaker en su libro “Anatomía de una epidemia” nos ayuda a aclararlo, y cito: 

“Durante los últimos veinticinco años, el orden establecido psiquiátrico nos ha contado una historia falsa. Nos dijo que la esquizofrenia, la depresión y la enfermedad bipolar se sabe que son enfermedades cerebrales, a pesar de que no puede indicar ningún estudio científico que documente esa pretensión. Nos contó que los medicamentos psiquiátricos corrigen desequilibrios químicos en el cerebro, pese al hecho de que décadas de investigación no consiguieron demostrar que eso fuese así. Nos contó que Prozac y los demás psicotrópicos de segunda generación eran mucho mejores y más seguros que los fármacos de primera generación, pese al hecho de que los estudios clínicos habían demostrado que no era así. Y lo más importante de todo, el orden establecido psiquiátrico no nos contó que los fármacos empeoran los resultados a largo plazo.”

¿Cómo ha conseguido el orden establecido psiquiátrico convertir una historia falsa en la creencia dominante?

Para explicarlo debemos remontarnos a EEUU tras la segunda Guerra Mundial, entonces había 425.000 personas encerradas en los hospitales mentales y durante la guerra se habían declarado 1,75 millones de personas no aptas mentalmente para el servicio militar, en consecuencia, la enfermedad mental se convirtió en una preocupación primordial. Por entonces los tratamientos médicos consistían en el electrochoque, la lobotomía y el tratamiento insulínico, pero rápidamente, se empezaron a buscar soluciones paralelas al triunfo del avance de los antibióticos en las enfermedades infecciosas. El director del Instituto de Hartford Charles Burlingame declararía “Puedo prever la llegada de un tiempo en el que nosotros, en el campo de la psiquiatría, nos desprendamos de una vez por todas de nuestros antecedentes, olvidando nuestro origen en el asilo de pobres, el hospicio y la cárcel. Imagino una época en la que seamos médicos, pensemos como médicos y dirijamos nuestras instituciones psiquiátricas casi del mismo modo y con las mismas relaciones que se dan en las mejores instituciones médicas y quirúrgicas.”

El Congreso creó en 1949 el Instituto Nacional de Salud Mental para que supervisara la Ley Nacional de Salud Mental que había sido aprobada en 1946, en la cual se legislaba que el Gobierno sería el que patrocinaría la investigación para la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de los trastornos mentales.

No tardaron en aparecer medicamentos milagrosos para la esquizofrenia, la depresión y la ansiedad en una industria farmacéutica en rápido crecimiento dispuesta a capitalizar nuevos beneficios. 

Durante la década de 1950 los investigadores del Instituto Nacional de Salud Mental y   otros   propusieron la teoría del desequilibrio químico para explicar los trastornos mentales, en la cual, las pastillas podían curar todas las supuestas enfermedades del cerebro. 

Cada año salía un nuevo psicofármaco. Esta fue la década del boom de la primera generación de psicofármacos.

Pero dos décadas después la psiquiatría estaba en crisis, por una parte, apareció el movimiento antipsiquiatría liderado por Thomas Szasz quien en “El mito de la enfermedad mental” aseguraba que los trastornos psiquiátricos no eran de tipo médico, sino más bien etiquetas aplicadas a gente que luchaba con sus problemas de vida o que sólo se comportaba de formas socialmente insólitas.” 

Otro problema fue la competencia por los pacientes por parte de la industria de la terapia. 

Además, ya se habían demostrado los efectos graves de psicofármacos como las benzodiacepinas y se había demostrado la adicción que generaban.

Para salir de la crisis y reforzar el modelo biomédico la Asociación Psiquiátrica Americana eligió a Robert Spitzer en 1980 para revisar el Manual de Diagnóstico y Estadístico, la intención era defender un modelo médico aplicado a problemas psiquiátricos y así nació el DSM-III  que identificaba 265 trastornos diferentes.

Whitaker cuenta como “Críticos del manual afirmaban que “Ningún descubrimiento científico había conducido aquella reconfiguración de los diagnósticos psiquiátricos. La biología de los trastornos mentales seguía siendo desconocida, y los autores del manual confesaban incluso que era así. La mayoría de los diagnósticos, decían, << aún no han sido revalidados plenamente con datos sobre cuestiones tan importantes como el curso clínico, el resultado de la historia de la familia y la respuesta al tratamiento.>>”

Mientras la Asociación Psiquiátrica Americana creó en 1981 la división de publicaciones y marketing para fortalecer la identificación médica de los psiquiatras. La tarea de la Asociacion según su vicepresidente de entonces, Peter Fink era proteger el poder adquisitivo de los psiquiatras.

Así en 1980 la Asociación decidió permitir por votación que las empresas farmacéuticas empezasen a patrocinar simposios científicos en su reunión anual.

Cuando la Asociación creó un comité de acción política en 1982 para cabildear en el Congreso, esa tarea fue subvencionada por las farmacéuticas.

Los psiquiatras de distintas facultades, convertidos en lideres de pensamiento, fueron los que determinaron la visión de las enfermedades mentales de nuestra sociedad y una vez que empezaron a servir como oradores pagados, las empresas farmacéuticas les daban dinero a través de distintos canales.

De esta forma se llevo a cabo un plan de marketing por parte de la industria farmacéutica y los psiquiatras, donde para vender los psicofármacos era necesario afianzar la idea de la enfermedad en el cerebro.

Citando una vez más a Whitaker:

“Un poderoso sector de voces se unió durante la década de 1980 deseoso de informar al público de que los trastornos mentales eran enfermedades cerebrales. Las empresas farmacéuticas aportaron el músculo económico. La Asociación Psiquiátrica Americana y psiquiatras de importantes facultades de medicina otorgaron a la empresa legitimidad intelectual. El Instituto Nacional de Salud Mental estampó el sello de aprobación del Gobierno a la historia. NAMI (Alianza Nacional en favor de los Mentalmente Enfermos) aportó una autoridad moral.”

Como queda demostrado la visión biomédica es ideológica, se basa en la creencia de un supuesto daño orgánico que origina la enfermedad mental sin ninguna prueba empírica. 

¿Cuáles han sido las consecuencias del modelo biomédico en los últimos cincuenta años? 

Para empezar unos ingentes beneficios conseguidos por la industria farmacéutica con las ventas de psicofármacos en el mundo.

Cuatro millones de adultos estadounidenses de menos de sesenta y cinco años de edad están hoy en la seguridad social como discapacitados por enfermedad mental. Uno de cada quince jóvenes adultos está funcionalmente discapacitado por enfermedad mental. 250 niños y adolescentes se añaden a diario a las listas de la seguridad social por enfermedad mental.

La principal consecuencia del modelo biomédico es una epidemia de enfermedad mental discapacitadora, de tipo iatrogénico. 

La iatrogenia es un daño en la salud, causado o provocado por un acto médico. Deriva de la palabra yatrogénesis que tiene por significado literal “provocado por el médico o sanador.”

Las personas psiquiatrizadas, diagnosticadas y medicadas acaban sufriendo un proceso iatrogénico que se podría calificar de “enfermedad polifarmaceutica de medicamentos psiquiátricos.” Whitaker.

Los fármacos operan perturbando el funcionamiento normal de canales neuronales del cerebro. Los fármacos, en vez de estabilizar desequilibrios químicos en el cerebro los crean.

Muchas de las personas tratadas con psicotrópicos acaban con síntomas psiquiátricos nuevos y más graves, físicamente enfermos y cognitivamente deteriorados.

En conclusión, la afirmación de Whitaker en su “Anatomía de una epidemia”, con la cual nos sentimos plenamente identificadas, de que  

“ Nuestra sociedad cree que los medicamentos psiquátricos han significado un avance “revolucionario” en el tratamiento de los trastornos mentales, y sin embargo estás páginas hablan de una epidemia de enfermedad mental discapacitadora provocada por los fármacos.” Es una certidumbre que debería ser reconocida y aceptada por el actual sistema de salud mental.

Para que haya alternativas tendría que cambiar la mentalidad de los profesionales y de la opinión pública, por lo tanto, citando a Alberto Fernández Liria:

“La labor crítica pasa en primer lugar por desenmascarar las falsas promesas que entrañan las mercancías que nos prometen acabar con el sufrimiento.” 

 Así que desde Orgullo Loco Madrid proponemos como alternativas:   

 Buscar los medios de desenmascarar y superar el modelo biomédico.

Crear un marco legal para erradicar la vulneración de Derechos Humanos en la práctica psiquiátrica.

Adoptar el modelo de Casas de crisis, que ya funcionan en otros países. 

Neutralizar por medio de una legislación adecuada el modelo de financiación de las grandes compañías farmacéuticas a los profesionales y a las universidades.

Crear redes de apoyo más allá de la familia.

Investigar las psicoterapias y su resultado. 

 Impulsar los grupos de apoyo mutuo.  

Promover iniciativas como la del Hospital noruego que trata a las personas sin utilizar fármacos. 

Eliminar la categorización de enfermo mental 

Conseguir que los medios de comunicación dejen de asociar peligrosidad con enfermedad mental. 

Por otra parte, debo añadir que nuestra lucha jamás se puede entender como una lucha contra la sanidad pública sino contra un modelo neoliberal que saca beneficio de ella. 

En conclusión, no somos enfermas, nos han enfermado para convertirnos en clientes.

De cerca nadie es normal

De perto ninguém é normal (de cerca nadie es normal) es una frase original de una canción de Caetano Veloso, que se convirtió en el lema del movimiento brasileño de salud mental. El gobierno de Bolsonaro quiere imponer una visión ideológica de lo que es la normalidad y una vez impuesta quiere volver a llenar los manicomios en Brasil y, además, privatizarlos.

Hace unas semanas pudimos leer  sobre la nueva propuesta de la Política de la Salud Mental y Política Nacional de Drogas que ha presentado el gobierno de Jair Bolsonaro. En la propuesta se potencian los ingresos en hospitales psiquiátricos, ampliando el número de plazas. lo cual va directamente acompañado de la reducción de la partida presupuestaria para los Centros de Atención Psicosocial Además, potencia el uso de formas de tortura como el electroshock y favorece las llamadas comunidades terapéuticas, muchas de ellas vinculadas a instituciones religiosas y carentes de control estatal.

La propuesta supone un retroceso respecto a la Ley de Salud Mental de 2001, una victoria social de la lucha antimanicomial y sanitaria en Brasil, a través de la cual se establecieron mecanismos de financiación para los servicios que sustituyen los hospitales psiquiátricos. 

La enfermedad mental es una construcción social que ha ido variando según el contexto histórico, social, político y cultural, sirviendo como arma de contención social. Uno de los ejemplos más significativos lo constituye la drapetomanía, una condición reconocida en 1850 por la Sociedad Médica de Lousiana que consistía en el deseo “irracional” que algunos esclavos tenían de huir de las plantaciones. Esto es un ejemplo claro de cómo la propia idea de qué constituye la norma se ha moldeado en función de los intereses de los poderes hegemónicos, patologizando y criminalizando a quienes se sitúan fuera de ella.   

Otro de los elementos rescatados por la extrema derecha que se ha hecho con el poder en Brasil son las mal llamadas “terapias de conversión”, una forma de tortura institucionalizada que pretende cambiar la orientación sexual de la víctima. Actualmente están prohibidas en Brasil, pero ya hay una propuesta en el Congreso Nacional que plantea volver a implantarlas. En el Estado español no hay una legislación homogénea sobre esta cuestión, aunque en algunos territorios como la Comunidad de Madrid sí están prohibidas. Sin embargo, esto no impide a sectores ultra ligados a la Iglesia Católica practiquen pseudoterapias e impartan cursos, como se ha revelado recientemente que hacía la Diócesis de Alcalá de Henares. Pese a que la homosexualidad fue despatologizada por la Organización Mundial de la Salud en el año 1990, estas prácticas nos demuestran cómo las estructuras de poder, en este caso las religiosas, tienen capacidad de dictar una norma que patologiza y legitima la tortura hacia quienes se sitúan fuera de ella. Mientras existan estas estructuras no podremos ser verdaderamente libres, y por ello el objetivo no puede ser generar una nueva normalidad, escapar de esta forma de violencia para encajar en una de las categorías y seguir perpetuando esa discriminación hacia otras personas. La solución pasa por la abolición de estas estructuras de poder. 

El horror de Brasil nos debería hacer reflexionar sobre la vulneración de Derechos Humanos en la práctica psiquiátrica que persiste en el Estado Español, donde la reforma psiquiátrica fue insuficiente y donde no existe aún un marco legal para proteger los derechos de las personas con problemas de salud mental.

En nuestro país todos los días en las plantas psiquiátricas de los hospitales públicos y en los hospitales psiquiátricos públicos, privados y concertados se vulneran no sólo los Derechos Humanos sino también la Carta Europea de Derechos Fundamentales y los derechos constitucionalmente recogidos. No hablamos exclusivamente  de la pérdida de libertad, sino que se practican las contenciones mecánicas (el ser atada o atado, una práctica que el año pasado terminó asesinando a dos personas) los ingresos involuntarios, la medicalización forzosa, los aislamientos y la sobremedicación. Además, el avance de la privatización de la sanidad por parte de las derechas transforma la salud mental en un negocio, que además de restringir derechos convierte a las personas cronificadas en fieles clientes y se sirve de la medicación para seguir enriqueciendo a la industria farmacéutica.

En relación a estas prácticas, sólo es necesario recordar el Informe del Relator Especial de la ONU sobre la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes exhorta a todos los Estados a “hacer cumplir la prohibición de la tortura en todas las instituciones de atención de la salud, tanto públicas como privadas, por ejemplo, entre otras cosas, declarando que los abusos cometidos en el contexto de la atención de la salud equivalen a un trato o pena cruel, inhumano o degradante; regulando las prácticas de atención de la salud con miras a prevenir los malos tratos bajo cualquier contexto; e integrando las disposiciones de la prevención de la tortura y los malos tratos en las políticas de atención de la salud.” 

Para llevar a cabo dichas recomendaciones y legislar sobre la eliminación de la tortura en la práctica psiquiátrica, el grupo confederal de Unidos Podemos registró el pasado mes de febrero, la primera Ley Integral de Salud Mental a nivel estatal.  Una iniciativa que vela por los derechos de las personas con problemas de salud mental, donde se regula que “en ningún caso se procederá al internamiento u hospitalización en contra de la voluntad de el o la paciente” o la creación en cada Comunidad Autónoma de la figura del Defensor o Defensora del Paciente con problemas de salud mental. Se trata de una iniciativa pionera que da el primer paso en un camino que aún es largo. Avanzar en este camino es fundamental para garantizar los derechos de una parte de la población, por supuesto, pero también para construir una sociedad globalmente más justa. Una sociedad donde todas las personas seamos más libres y el apartarse de la norma no se traduzca en privación de libertad y electroshocks. Y para ello es imprescindible que seamos capaces de articular una mayoría progresista. Necesitamos una mayoría que no tenga miedo a cuestionar los dogmas que nos imponen.

Todas las personas somos vulnerables ante el sufrimiento psíquico, recuerden: De perto ninguém é normal

Manifiesto del Día del Orgullo Loco en Madrid

Somos un colectivo de activistas en salud mental formado por personas psiquiatrizadas (personas con problemas de salud mental que hemos sufrido el sistema psiquiátrico) que celebramos el Día del Orgullo Loco en Madrid, el día en que hemos elegido manifestar públicamente tanto la necesidad de otra concepción de la locura como la exigencia de exponer nuestras reivindicaciones contra dicho sistema.

  1. Reivindicamos el cumplimiento de los Derechos Humanos, ​los Derechos fundamentales de la Unión Europea y los Derechos constitucionales del Estado español que se vulneran en la práctica psiquiátrica: los ingresos involuntarios, las contenciones mecánicas, la medicación forzosa, los aislamientos y la sobremedicación.
  2. Reivindicamos el fin de un modelo biologicista que presupone daños orgánicos (físicos) sin pruebas científicas, que beneficia sobre todo a la industria farmacéutica y que condena a las personas a la cronificación, además de provocarles efectos secundarios.
  3. Reivindicamos que la salud mental sea una prioridad política​, porque las consecuencias de las condiciones materiales, producto de un sistema capitalista, se patologizan, y así se medica el estrés laboral en vez de mejorar las condiciones de trabajo. A este respecto es necesario reforzar la idea (Informe Relator Especial de la ONU de 2017) de que “Las crisis de salud mental no deberían gestionarse como crisis de los trastornos individuales, sino cómo crisis de los obstáculos sociales que impiden el ejercicio de los derechos individuales. Las políticas de salud mental deberían abordar los “desequilibrios de poder” en lugar de los “desequilibrios químicos”.
  4. Reivindicamos la recuperación de la legitimidad de la que somos privadas las personas psiquiatrizadas por lo que el propio diagnóstico implica: el derecho a decidir el propio tratamiento, aceptar o rechazar la medicación, el ingreso involuntario o incluso el ser tutelado.
  5. Reivindicamos que se apruebe una Ley de Salud Mental como necesaria para la constitución de un marco legal que garantice el cumplimiento de los derechos de las personas con problemas de salud mental.
  6. Denunciamos la doble opresión que sufrimos las mujeres psiquiatrizadas por ser mujeres y locas. Denunciamos los continuos abusos sexuales dentro del sistema de salud mental, que quedan impunes por la falta de legitimidad que tenemos debido a nuestras etiquetas. Reiteramos que las mujeres psiquiatrizadas somos más vulnerables de sufrir violencia machista y que recibimos un trato distinto cuando pedimos ayuda contra el maltrato.
  7. Denunciamos que el racismo tanto institucional como social potencia el maltrato, el aislamiento y el malestar personal​. Hace más propensos a ingresar en hospitales psiquiátricos a los emigrantes que a los autóctonos, en lo que a proporción de población se refiere.
  8. Denunciamos que se patologice nuestra orientación sexual e identidad o expresión de género​, y que la Iglesia realice supuestas terapias de conversión que pretenden cambiarlas. A su vez desde el colectivo trans reivindicamos el derecho a la libre determinación de la identidad de género y la eliminación de toda forma de patologización.
  9. Denunciamos la asociación que mantienen los medios de comunicación entre peligrosidad y violencia y “enfermedad mental”​. Dicha asociación permite justificar las coerciones en la práctica psiquiátrica.
  10. Reivindicamos el empoderamiento de las personas psiquiatrizadas y supervivientes de la psiquiatría, Además de nuestra politización para poder luchar por el derecho de vivir sin opresión, redefiniendo el concepto de locura y exigiendo justicia y reparación por el trato recibido por el sistema psiquiátrico.
  11. Denunciamos un sistema capacitista que nos segrega en función de nuestras capacidades, en el que no se cumplen los derechos de las personas con diversidad funcional y que nos hace proclives a sufrir problemas de salud mental.
  12. Denunciamos que el 84% de las personas psiquiatrizadas nos encontramos en situación de desempleo, lo que nos lleva a la pobreza y exclusión. A su vez las pensiones que algunas de nosotras recibimos por nuestra condición son insuficientes obligándonos a depender de nuestras familias.
  13. Denunciamos la patologización de la infancia y la adolescencia y su consecuente psiquiatrización.
  14. Reivindicamos que las personas psiquiatrizadas que hemos sido desahuciadas por el sistema, consideradas irreversibles, tuteladas y recluidas en centros desde hace décadas, tengamos la oportunidad de volver a tener el control y nuestros derechos en todos los ámbitos de nuestras vidas y recibamos un trato digno. Por lo cual exigimos que las tutelas no sean unas medidas permanentes, sino que por el contrario sean medidas revisables y se implementen procesos ágiles de recapacitación que hagan posible la recuperación de nuestra libertad de elección y de existencia.

¡Que viva el Orgullo Loco!

Reivindicaciones para los programas políticos de las próximas elecciones generales

El colectivo Orgullo Loco Madrid, de activismo en salud mental integrado por personas psiquiatrizadas, presenta las siguientes reivindicaciones para su inclusión en los programas políticos de las próximas elecciones generales del 28 de abril:

  1. Reivindicamos que se apruebe la Ley de Salud Mental registrada por Unidos Podemos en la pasada legislatura, como necesaria para la aprobación de un marco legal que garantice el cumplimiento de los derechos de las personas con problemas de salud mental.
  2. Reivindicamos el cumplimiento de los Derechos Humanos, los Derechos fundamentales de la Unión Europea y los derechos constitucionales del Estado español que se vulneran en la práctica psiquiátrica: los ingresos involuntarios, las contenciones mecánicas, la medicación forzosa, los aislamientos y la sobremedicación.
  3. Reivindicamos el fin de un modelo biologicista que presupone daños orgánicos (físicos) sin pruebas científicas, que beneficia sobre todo a la industria farmacéutica y que condena a las personas a la cronificación, además de provocarles efectos secundarios.
  4. Reivindicamos que la salud mental sea una prioridad política, porque las consecuencias de las condiciones materiales, producto de un sistema neoliberal, se patologizan, y así se medica el estrés laboral en vez de mejorar las condiciones de trabajo. A este respecto es necesario reforzar la idea (Informe Relator Especial de la ONU de 2017) de que “Las crisis de salud mental no deberían gestionarse como crisis de los trastornos individuales, sino cómo crisis de los obstáculos sociales que impiden el ejercicio de los derechos individuales. Las políticas de salud mental deberían abordar los “desequilibrios de poder” en lugar de los “desequilibrios químicos”.
  5. Reivindicamos la recuperación de la legitimidad de la que son privadas las personas psiquiatrizadas por lo que el propio diagnóstico implica: el derecho a decidir el propio tratamiento, aceptar o rechazar la medicación, el ingreso involuntario o incluso el ser tutelado. Además, demandamos justicia y reparación por el trato recibido por el sistema psiquiátrico.

Jornadas Salud Mental (Perspectivas críticas)

Este miércoles 13, se celebran unas jornadas sobre salud mental en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense. Orgullo Loco Madrid participará en la primera mesa del día (“Activismo en Salud Mental”) junto a compas de Flipas GAM y Colectivo Inspiradas. En la segunda participará el colectivo trans y en la tercera variadas ópticas sobre la salud mental. Debajo está el programa con la info de la jornada completa y en esta web algún dato más como la ubicación de la facultad.

Programa de las jornadas

Las jornadas nos parecen muy oportunas para visibilizar el activismo en salud mental y exponer nuestro discurso, acciones y reivindicaciones. Así como para tratar temas que son nuestros y solo nuestros, como las alternativas a la psiquiatría, la crítica hacia ella, al sistema de salud mental y al político-económico al que sirven.  También para contrarrestar las aún numerosas jornadas, charlas y actos donde profesionales y familiares siguen hablando por nosotras, mayoritariamente desde un punto de vista y/o con intención paternalista, patologizante y que nos sigue usando y tratando como sujetos pasivos.

Hemos titulado a la charla: “Activismo vs Psiquiatrización”. Haciendo referencia a, cómo el activismo nos ayuda a salir de la psiquiatrización a la que nos sometieron, y a la lucha contra la psiquiatría y todo el sistema que la propicia y cronifica. También a la inversa, cómo el estar en esa tela de araña “enfermiza” dificulta el verdadero empoderamiento y defender el derecho a la diferencia y diversidad.

Hablaremos sobre tres bloques temáticos:

Activismo y OrgulloLoco : Orígenes, Organización del colectivo, ¿Por qué Orgullo y Locura?, Acciones de Orgullo Loco Madrid, Día del orgullo loco…

Psiquitrización: Psiquiatría y proceso de Psiquiatrización; Diagnósticos, medicalización (Farmas); Patologización del malestar; Ingresos y recursos en SM; DDHH y violencias; Capitalismo, liberalismo y normalidad; Familiares y sociedad…

Transversalidad de la locura: Infancia, Feminismo, Migrantes y racializadas, Colectivo LGTBQ, Diferencias de clase y económicas…

Os esperamos para compartir, debatir, aprender y pensar juntas. Y para enorgullecernos locamente. La entrada es libre y gratuita.

Vamos a la huelga feminista por nuestra salud mental


Los tentáculos del patriarcado se han enraizado en los más profundo de la sociedad ejerciendo tal influjo que, a veces, no somos conscientes de las violencias que sufrimos y, en muchas ocasiones, nosotras mismas naturalizamos esas relaciones de poder. El feminismo es la herramienta que puede hacer que todas las mujeres, incluidas las locas, logremos conquistar nuestra emancipación y conseguir que se cumplan los derechos humanos de todas porque para poder superar estas violencias es imprescindible ser conscientes de las opresiones que el sistema ejerce sobre nosotras y nuestras múltiplesr realidades es decir, por ser racializadas, migrantes, por nuestra condición sexual y de género, tener una diversidad funcional, haber sido psiquiatrizadas…

A lo largo de la historia, la psiquiatría ha sido utilizada como herramienta de control y dominio sobre aquellas mujeres que osaban desafiar las normas impuestas. Las mujeres que han ejercido profesiones o roles masculinos, lesbianas, adulteras…fueron patologizadas por ello y acabaron sus días en los manicomios, simplemente, por no querer acatar lo que se esperaba de ellas como mujeres.
Al hablar de salud mental y, concretamente, en el caso de las mujeres no podemos obviar que el concepto de normalidad con el que trabaja la psiquiatría está marcado por la lógica del patriarcado y se basa en los roles de género impuestos socialmente. Estos servirán de base para crear etiquetas en las que se aglutinan determinados comportamientos que no encajan con esta normalidad socialmente aceptada. Etiquetas con las que se nos marca y cronifica sin darnos lugar a una recuperación pues nuestro sufrimiento únicamente acaba siendo acallado a base de psicofármacos.

Ha llegado el momento de que se escuche la voz de las mujeres psiquiatrizadas y que se conozca las violencias que sufrimos por parte del sistema. A la hora de hablar de Derechos Humanos no podemos obviar los psiquiátricos como espacios basados en la coerción y donde se produce la vulneración sistemática de nuestros derechos fundamentales. La salud mental es cosa de todas, por eso, exponemos aquí los motivos que hemos trabajado junto con las compañeras del 8M y que han sido aprobados en el argumentario.¿Por qué hacemos huelga?
● Porque las violencias patriarcales nos afectan a las mujeres de forma diferente en función de nuestro estatus migratorio, nuestra edad, si somos racializadas, gitanas o payas; si somos mujeres con diversidad funcional; si somos psiquiatrizadas, mayores; si somos trans, hetero, lesbianas; si somos asalariadas o no, trabajadoras del hogar, prostitutas, si somos madres o no. Si negamos esa diversidad, invisibilizamos la especial crudeza con que las violencias nos afectan a algunas de nosotras.
● Porque debemos poner fin a un sistema psiquiátrico y a un modelo biologicista que patologiza las emociones y las consecuencias de las condiciones de vida sociales, económicas y laborales de las mujeres.
● Porque a las mujeres psiquiatrizadas nos vulneran nuestros derechos en la práctica psiquiátrica: ingresos involuntarios, medicalización forzosa, aislamientos, sobremedicación, etc.
● Porque sufrimos abusos sexuales dentro del sistema de salud mental y estamos deslegitimizadas por nuestros diagnósticos psiquiátricos.

¿Para qué hacemos huelga?
● Para que la salud mental de las mujeres no sea concebida y tratada desde una visión patriarcal y biologicista.
● Para que las mujeres psiquiatrizadas dejemos de sufrir una doble opresión por mujeres y locas.
● Para la despatologización, igualdad y amparo legal de las personas trans. No tenemos disforia ni incongruencia de género. Para que seamos libres de ser quienes somos.

Por todo ello y mucho más, mañana las compañeras de Orgullo Loco Madrid estaremos presentes en la manifestación del 8M. Quedaremos, a las 17:30, en el Caixa Forum, junto con las mujeres con diversidadf funcional para reivindicar la importancia de la salud mental y exigir el fin de toda vulneración de derechos.


¿Por qué hacemos activismo en salud mental?

 

Porque queremos recuperar la legitimidad de la que somos privadas las personas psquiatrizadas  por lo que el propio diagnostico psiquiátrico implica: el derecho a decidir el propio tratamiento, aceptar o rechazar la medicación, el ingreso involuntario o incluso el ser tutelado.

Porque es fundamental la reivindicación de los  Derechos Humanos, los Derechos fundamentales de la Unión Europea y los derechos constitucionales del Estado español que se vulneran en la práctica psiquiátrica, (las contenciones mecánicas, los ingresos involuntarios, la medicación forzosa, los aislamientos y la sobremedicación).

Porque queremos conseguir el fin del modelo biologicista, que presupone daños  orgánicos (físicos) sin pruebas científicas, que beneficia sobre todo a la industria farmacéutica, que condena a las personas a la cronificación, además de provocarles efectos secundarios.

Porque es necesario el empoderamiento de las personas psiquiatrizadas y supervivientes de la psiquiatría. De nuestra politización para poder luchar por el derecho de vivir sin opresión, redefiniendo el concepto de locura y exigiendo justicia y reparación por el trato recibido por el sistema psiquiátrico.

Porque urge la necesidad de reivindicar la salud mental como una prioridad política, porque las consecuencias de las condiciones materiales, producto de un sistema neoliberal, se patologizan, y así se medica el estrés laboral en vez de mejorar las condiciones de trabajo. A este respecto, es necesario reforzar la idea (Informe del Relator Especial de la ONU de 2017) de que “Las crisis de salud mental no deberían gestionarse como crisis de los trastornos individuales, sino cómo crisis de los obstáculos sociales que impiden el ejercicio de los derechos individuales. Las políticas de salud mental deberían abordar los ‘desequilibrios de poder’ en lugar de los ‘desequilibrios químicos’.”