De cerca nadie es normal

De perto ninguém é normal (de cerca nadie es normal) es una frase original de una canción de Caetano Veloso, que se convirtió en el lema del movimiento brasileño de salud mental. El gobierno de Bolsonaro quiere imponer una visión ideológica de lo que es la normalidad y una vez impuesta quiere volver a llenar los manicomios en Brasil y, además, privatizarlos.

Hace unas semanas pudimos leer  sobre la nueva propuesta de la Política de la Salud Mental y Política Nacional de Drogas que ha presentado el gobierno de Jair Bolsonaro. En la propuesta se potencian los ingresos en hospitales psiquiátricos, ampliando el número de plazas. lo cual va directamente acompañado de la reducción de la partida presupuestaria para los Centros de Atención Psicosocial Además, potencia el uso de formas de tortura como el electroshock y favorece las llamadas comunidades terapéuticas, muchas de ellas vinculadas a instituciones religiosas y carentes de control estatal.

La propuesta supone un retroceso respecto a la Ley de Salud Mental de 2001, una victoria social de la lucha antimanicomial y sanitaria en Brasil, a través de la cual se establecieron mecanismos de financiación para los servicios que sustituyen los hospitales psiquiátricos. 

La enfermedad mental es una construcción social que ha ido variando según el contexto histórico, social, político y cultural, sirviendo como arma de contención social. Uno de los ejemplos más significativos lo constituye la drapetomanía, una condición reconocida en 1850 por la Sociedad Médica de Lousiana que consistía en el deseo “irracional” que algunos esclavos tenían de huir de las plantaciones. Esto es un ejemplo claro de cómo la propia idea de qué constituye la norma se ha moldeado en función de los intereses de los poderes hegemónicos, patologizando y criminalizando a quienes se sitúan fuera de ella.   

Otro de los elementos rescatados por la extrema derecha que se ha hecho con el poder en Brasil son las mal llamadas “terapias de conversión”, una forma de tortura institucionalizada que pretende cambiar la orientación sexual de la víctima. Actualmente están prohibidas en Brasil, pero ya hay una propuesta en el Congreso Nacional que plantea volver a implantarlas. En el Estado español no hay una legislación homogénea sobre esta cuestión, aunque en algunos territorios como la Comunidad de Madrid sí están prohibidas. Sin embargo, esto no impide a sectores ultra ligados a la Iglesia Católica practiquen pseudoterapias e impartan cursos, como se ha revelado recientemente que hacía la Diócesis de Alcalá de Henares. Pese a que la homosexualidad fue despatologizada por la Organización Mundial de la Salud en el año 1990, estas prácticas nos demuestran cómo las estructuras de poder, en este caso las religiosas, tienen capacidad de dictar una norma que patologiza y legitima la tortura hacia quienes se sitúan fuera de ella. Mientras existan estas estructuras no podremos ser verdaderamente libres, y por ello el objetivo no puede ser generar una nueva normalidad, escapar de esta forma de violencia para encajar en una de las categorías y seguir perpetuando esa discriminación hacia otras personas. La solución pasa por la abolición de estas estructuras de poder. 

El horror de Brasil nos debería hacer reflexionar sobre la vulneración de Derechos Humanos en la práctica psiquiátrica que persiste en el Estado Español, donde la reforma psiquiátrica fue insuficiente y donde no existe aún un marco legal para proteger los derechos de las personas con problemas de salud mental.

En nuestro país todos los días en las plantas psiquiátricas de los hospitales públicos y en los hospitales psiquiátricos públicos, privados y concertados se vulneran no sólo los Derechos Humanos sino también la Carta Europea de Derechos Fundamentales y los derechos constitucionalmente recogidos. No hablamos exclusivamente  de la pérdida de libertad, sino que se practican las contenciones mecánicas (el ser atada o atado, una práctica que el año pasado terminó asesinando a dos personas) los ingresos involuntarios, la medicalización forzosa, los aislamientos y la sobremedicación. Además, el avance de la privatización de la sanidad por parte de las derechas transforma la salud mental en un negocio, que además de restringir derechos convierte a las personas cronificadas en fieles clientes y se sirve de la medicación para seguir enriqueciendo a la industria farmacéutica.

En relación a estas prácticas, sólo es necesario recordar el Informe del Relator Especial de la ONU sobre la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes exhorta a todos los Estados a “hacer cumplir la prohibición de la tortura en todas las instituciones de atención de la salud, tanto públicas como privadas, por ejemplo, entre otras cosas, declarando que los abusos cometidos en el contexto de la atención de la salud equivalen a un trato o pena cruel, inhumano o degradante; regulando las prácticas de atención de la salud con miras a prevenir los malos tratos bajo cualquier contexto; e integrando las disposiciones de la prevención de la tortura y los malos tratos en las políticas de atención de la salud.” 

Para llevar a cabo dichas recomendaciones y legislar sobre la eliminación de la tortura en la práctica psiquiátrica, el grupo confederal de Unidos Podemos registró el pasado mes de febrero, la primera Ley Integral de Salud Mental a nivel estatal.  Una iniciativa que vela por los derechos de las personas con problemas de salud mental, donde se regula que “en ningún caso se procederá al internamiento u hospitalización en contra de la voluntad de el o la paciente” o la creación en cada Comunidad Autónoma de la figura del Defensor o Defensora del Paciente con problemas de salud mental. Se trata de una iniciativa pionera que da el primer paso en un camino que aún es largo. Avanzar en este camino es fundamental para garantizar los derechos de una parte de la población, por supuesto, pero también para construir una sociedad globalmente más justa. Una sociedad donde todas las personas seamos más libres y el apartarse de la norma no se traduzca en privación de libertad y electroshocks. Y para ello es imprescindible que seamos capaces de articular una mayoría progresista. Necesitamos una mayoría que no tenga miedo a cuestionar los dogmas que nos imponen.

Todas las personas somos vulnerables ante el sufrimiento psíquico, recuerden: De perto ninguém é normal

Publicado por Orgullolocomadrid

Somos un colectivo de activistas en salud mental. Luchamos por nuestros derechos y reivindicamos otra concepción de la locura. Twitter: orgullolocomad Instagram: orgullolocomadrid Email: Orgullolocomad@gmail.com

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